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Episteme crítico de ciencias y humanidades: Un análisis histórico y terminológico
Jesselle Roxana Rodas García, Adler Antero Canduelas Sabrera, Marisol Paola Delgado
Baltazar, Paul Gregorio Paucar Llanos, Elio Nolasco Carbajal, Marco Antonio Ibarra
Contreras
© Jesselle Roxana Rodas García, Adler Antero Canduelas Sabrera, Marisol Paola Delgado
Baltazar, Paul Gregorio Paucar Llanos, Elio Nolasco Carbajal, Marco Antonio Ibarra
Contreras, 2023
Jefe de arte: Yelitza Sánchez
Diseño de cubierta: Yelitza Sánchez
Ilustraciones: Ysaelen Odor
Editado por: Editorial Mar Caribe de Josefrank Pernalete Lugo
Jr. Leoncio Prado, 1355 Magdalena del Mar, Lima-Perú. RUC: 15605646601
Libro electrónico disponible en http://editorialmarcaribe.es/?page_id=1909
Primera edición noviembre 2023
Formato: electrónico
ISBN: 978-612-5124-23-4
Hecho el Depósito Legal en la Biblioteca Nacional del Perú N°: 202310601
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Episteme crítico de ciencias y humanidades: Un análisis
histórico y terminológico
Jesselle Roxana Rodas García
Adler Antero Canduelas Sabrera
Marisol Paola Delgado Baltazar
Paul Gregorio Paucar Llanos
Elio Nolasco Carbajal
Marco Antonio Ibarra Contreras
REPÚBLICA DE PERÚ, AÑO 2023
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Tabla de Contenido
Prólogo ................................................................................................................................ 5
Capítulo I .......................................................................................................................... 17
Ciencias formales .............................................................................................................. 17
Capítulo II ......................................................................................................................... 35
Ciencias fácticas I ............................................................................................................. 35
Capítulo III ........................................................................................................................ 45
Ciencias fácticas II ............................................................................................................ 45
Capítulo IV ....................................................................................................................... 52
Análisis filosófico de las ciencias ..................................................................................... 52
Conclusión ........................................................................................................................ 62
Bibliografía ........................................................................................................................... 65
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Prólogo
El concepto de ciencia, en un sentido unitario, podría definirse como conocimiento, si
apelamos a la fuente griega que lo sostiene. La episteme o ciencia se diferencia de la opinión
o doxa, partiendo de la concepción disímil entre la razón y la percepción, tal y como la
entendió Platón a partir del mito de la caverna y el símil de la línea:
“Piensa, entonces, como decíamos, cuáles son los dos que reinan: uno, el del género y
ámbito inteligibles; otro, el del visible […].
[…] Toma ahora una línea dividida en dos partes desiguales; divide nuevamente cada
sección según la misma proporción, la del género de lo que se ve y otra la del que se
intelige, y tendrás distinta oscuridad y claridad relativas; así, tenemos primeramente,
en el género de lo que se ve, una sección de imágenes. Llamo ‘imágenes’ en primer
lugar a las sombras, luego a los reflejos en el agua y en todas las cosas que, por su
constitución, son densas, lisas y brillantes, y a todo lo de esa índole.
[…] Pon ahora la otra sección de la que ésta ofrece imágenes, a lo que corresponden a
los animales que viven en nuestro derredor, así como todo lo que crece, y también el
género íntegro de cosas fabricadas para el hombre.
[…] ¿Estás dispuesto a declarar que la línea ha quedado dividida, en cuanto a su verdad
y no verdad, de modo tal que lo opinable es a lo cognoscible como la copia es a aquello
de lo que es copiado?
[…] Ahora examina si no hay que dividir también la sección de lo inteligible.
[…] Por un lado, en la primera parte de ella el alma, sirviéndose de las cosas antes
imitadas como si fueran imágenes, se ve forzada a indagar a partir de supuestos,
marchando no hasta un principio sino hacia una conclusión. Por otro lado, en la segunda
parte, avanza hasta un principio no supuesto, partiendo de un supuesto y sin recurrir a
imágenes a diferencia del otro caso, efectuando el camino con Ideas mismas y por
medio de Ideas.
[…] Creo que sabes que los que se ocupan de geometría y de cálculo suponen lo impar
y lo par, las figuras y tres clases de ángulos y cosas afines, según lo que investigan en
cada caso. Como si las conocieran, las adoptan como supuestos, y de ahí en adelante
no estiman que deban dar cuenta de ellas, ni a mismos ni a otros, como si fueran
evidentes a cualquiera; antes bien, partiendo de ellas atraviesan el resto de modo
consecuente, para concluir en aquello que proponían al examen.
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[…] Sabes, por consiguiente, que se sirven de figuras visibles y hacen discursos acerca
de ellas, aunque no pensando en éstas sino en aquellas cosas a las cuales éstas se
parecen, discurriendo en vista al Cuadrado en sí y a la Diagonal en sí, y no en vista de
la que dibujan, y así con lo demás” (Platón, 1988, pp. 334-336).
El mundo sensible es de la opinión o doxa, subdividiéndose en la esfera de las imágenes o
eikasia y en la esfera de las cosas o pistis. La opinión o doxa, en tanto imagen o cosa material,
físico-química, son sombras del mundo de las ideas, que por tanto, las cosas son imágenes
de las ideas, y las imágenes de las cosas son las imágenes de las imágenes de las ideas: se
obedece a un doble grado de irrealidad, de no-ser. El mundo inteligible es de la ciencia o
episteme, subdividiéndose en la esfera de las ideas matemáticas o dianoia conocimiento
deductivo o discursivo en general y en la esfera de las ideas puras o noesis. El episteme o
ciencia encapsula los objetos del conocimiento, cabiendo en ella la tendencia filosófica
investigativa, el amor de la filosofía, en la búsqueda de la verdad y de la certeza.
El paso operado del mundo sensible al mundo inteligible, en las esferas desiguales planteadas
con anterioridad, y viceversa, se denomina dialéctica ascendente y descendente, suponiendo
la liberación del cuerpo como cárcel o prisión del alma, mediante del ejercicio en las ideas
anamnesis, el uso de conceptos, y es el descenso hacia lo cotidiano de la vida en la
acumulación de las certezas filosóficas: el control del cuerpo por el alma, la conducción
anímica (Tabla 1).
Tabla 1: Símil de la línea platónico
Eikasia
Pistis
Dianoia
Noesis
Imágenes de las
cosas
Artes
Objetos
materiales
Física
Ideas matemáticas
Matemáticas
Ideas puras
Dialéctica
Opinión
Doxa
Ciencia
Mundo
sensible
Mundo
Nota: Elaboración propia
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Por otra parte, el filósofo Immanuel Kant también concibe que las ciencias y saberes en
general obedecen a una distribución perceptiva y de contenido propio, es decir, las ciencias
y saberes se diferencian entre en que caen bajo dominios perceptivos distintos, y en la
forma en como son ordenadas y distribuidas en un sentido formal (objeto formal quod).
“La ciencia histórica sin determinación de límites, se llama polihistoria.
[…] La polimathia es la ciencia de los conocimientos racionales. Las dos reunidas
forman la pansofía. A la ciencia histórica pertenece la ciencia de los órganos de la
erudición, la filología, que comprende el conocimiento crítico de las lenguas y de las
obras (lingüística y literatura).
La simple polihistoria es una erudición ciclópica: le falta el ojo de la filosofía. Un
cíclope en matemáticas, en historia, en física, en filología, etc., es un sabio que posee
todas las partes de la una o de la otra de esas ciencias, de todas estas mismas ciencias,
si se quiere, pero de ellas cree superflua la filosofía.
Las humanidades (humaniora), forman parte de la filología. Se entiende por
humanidades el conocimiento de los autores antiguos, conocimiento que requiere la
unión de la ciencia y del gusto; disipa la rudeza y la grosería; inspira un espíritu de
sociabilidad y urbanidad, que forma en el fondo de la humanidad.
Las humanidades tienen, pues, por objeto, el conocimiento de lo que sirve a la cultura
del gusto, según los modelos de la antigüedad. La elocuencia, la poesía, el
conocimiento de los autores clásicos, etc., forman parte de ella.
Todos estos conocimientos humanísticos pertenecen a la parte práctica de la filología,
que tiene por objeto inmediato la formación del gusto.
Mas nosotros distinguimos el simple filólogo del humanista, en que el primero busca
en la antigüedad el órgano de la erudición, mientras que el segundo busca el órgano de
la formación del gusto” (Kant, 2003, p. 29).
Para Kant, pues, la pansofía se distribuye en:
Polihistoria
1. Lingüística
2. Literatura
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Polimathia
En lo que hace al objeto formal quo, el medio mediante el cual se procede en el conocer, se
remite a la razón, en tanto sigue un proceso perceptivo que involucra tres estadios:
sensibilidad, intelecto y voluntad.
“En cuanto al valor objetivo de nuestros conocimientos en general, se pueden
establecer grados en la progresión siguiente:
1. ° El primer grado del conocimiento consiste en representar (vorstellen) alguna cosa.
2. ° El segundo consiste en representársela con conciencia o en percibirla, percipere.
3. ° El tercero, en conocer una cosa por comparación con otra, tanto en la relación de
identidad como en la diversidad, noscere.
4. ° El cuarto en conocer con conciencia, cognoscere. Los animales conocen los
objetos, más no con conciencia.
5. ° El quinto en entender, intelligere, es decir, en conocer por el entendimiento en
virtud de nociones, o sea en concebir. Este hecho es muy diferente del de comprender.
Se pueden concebir muchas cosas, aunque no se pueden comprender: así es que se
puede concebir, por ejemplo, el movimiento continuo, cuya imposibilidad se demuestra
en mecánica.
6. ° El sexto en distinguir (erkennen) o penetrar (einsehen) una cosa por medio de la
razón, perspicere. Nosotros no alcanzamos en este sentido más que un pequeño número
de objetos, y nuestros conocimientos disminuyen en tanto que queremos
perfeccionarlos demasiado.
7. ° El sétimo, por último, en comprender (begreifen), comprehendere una cosa, es
decir, en conocer por medio de la razón, o a priori, lo que basta a nuestros fines.” (Kant,
2003, pp. 43-44).
Para poder analizar a profundidad el significado de la progresividad en la razón, en tanto
funge como objeto formal quo, se hace indispensable analizar al espacio y el tiempo, en tanto
condiciones de percepción, juntos con las categorías insertas a todo conocer y decir, como
condiciones de la logicidad.
“El espacio es una necesaria representación a priori que sirve de base a todas las
intuiciones externas. Jamás podemos representarnos la falta de espacio, aunque
podemos muy bien pensar que no haya objetos en él. El espacio es, pues, considerado
como condición de posibilidad de los fenómenos, no como una determinación
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dependiente de ellos, y es una representación a priori en la que se basan necesariamente
los fenómenos externos” (Kant, 2005, p. 44)”.
“Espacio y tiempo son representaciones a priori que se hallan en nosotros como formas
de nuestra intuición sensible antes de que, mediante la sensación, ningún objeto real
haya determinado nuestro sentido de representarlo bajos esas relaciones sensibles”
(Kant, 2005, p. 243).
“Tenemos ya dos clases de conceptos de índole completamente distinta, que coinciden,
sin embargo, en referirse a objetos enteramente a priori, a saber, los conceptos de
espacio y tiempo como formas de la sensibilidad, por una parte, y las categorías como
conceptos del entendimiento, por otra” (Kant, 2005, p. 84).
El espacio y el tiempo, pertenecen en los grados del conocer antes expuestos a la
representación, finalizando en la conciencia (desde el primer al cuatro grado,
respectivamente).
Las categorías lógicas pertenecen al inteligir y a la perspicacia (quinto y sexto grados). En lo
que hace a la expresión típica de los juicios, bajo la forma de un sujeto conectado con el
predicado mediante su copula, en sus cuatro figuras AEIO (Tabla 2 Figura 1), Boole nos
dice:
“Una proposición es una oración que afirma o niega; por ej., Todos los hombres son
mortales, Ninguna criatura es independiente. Una proposición posee necesariamente
dos términos, como hombres, mortales; el primero de ellos, o aquel del que se habla,
es el sujeto; el último, o lo que se afirma o niega del sujeto, es el predicado. Ambos
términos están conectados por la cópula, es, o no es, o por cualquier otra forma del
verbo sustantivo.
El verbo sustantivo es el único aceptado en Lógica; todos los otros se pueden reducir
al verbo ser con un participio o adjetivo, por ejemplo¸ Los romanos vencidos; la palabra
vencidos es a la vez cópula y predicado, siendo equivalente a fueron (cópula)
derrotados (predicado). Una proposición puede ser afirmativa o negativa y también
universal o particular. En consecuencia, tenemos en total cuatro clases de proposiciones
categóricas puras.
- Universal-afirmativa, comúnmente representada por A.
Ejemplo, todas las X son Y.
- Universal-negativa, corrientemente representada por E.
Ejemplo, Ninguna X es Y.
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- Particular-afirmativa, habitualmente simbolizada por I.
Ejemplo, Algunas X son Y.
- Particular-negativa, comúnmente representada por O.
Ejemplo, Algunas X no son Y” (Boole, 1960, pp. 64-65).
Tabla 2: El conocimiento en cantidad, cualidad, relación y modalidad
El conocimiento se
establece mediante
Su clasificación
relativa al juicio
Expresión típicamente
lógica (sujeto copula
predicado)
Categorías o elenco de
predicamentos
Cantidad
Son:
Singulares
Particulares
Universales
Solo un A es B
Algún A es B
Todo A es B
Unidad
Pluralidad
Totalidad
Cualidad
Son:
Indefinidos
Negativos
Afirmativos
A es no B
A no es B
A es B
Limitación
Negación
Realidad
Relación
Son:
Disyuntivos
Hipotéticos
Categóricos
A es B o C
Si A, entonces B
A es B
Acción recíproca
Causa, efecto
Sustancia/accidente
Modalidad
Son:
Apodícticos
A es necesariamente B
Necesidad
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Asertóricos
Problemáticos
A es realmente B
A es probablemente B
Existencia
Posibilidad
Nota: Elaboración propia
Figura 1: Forma lógica de los juicios AEIO
Nota: Elaboración propia
Queda establecido, por todo lo anterior expuesto, que el conocimiento no es un hecho
unívoco, sino que en él son distinguibles múltiples aspectos tanto de forma, fondo y de modos
de precisarlo, si es mediante el uso de la razón o a través de otro tipo de herramientas o
metodologías. Así, Mario Bunge hace una distinción de las ciencias en formales y fácticas:
No toda la investigación científica procura el conocimiento objetivo. Así, la lógica y
la matemática esto es, los diversos sistemas de lógica formal y los diferentes
capítulos de la matemática pura son racionales, sistemáticos y verificables, pero no
son objetivos; no nos dan informaciones acerca de la realidad: simplemente, no se
ocupan de los hechos. La lógica y la matemática tratan de entes ideales; estos entes,
tanto los abstractos como los interpretados, sólo existen en la mente humana. A los
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lógicos y matemáticos no se les da objetos de estudio: ellos construyen sus propios
objetos. Es verdad que a menudo lo hacen por abstracción de objetos reales (naturales
y sociales); más aún, el trabajo del lógico o del matemático satisface a menudo las
necesidades del naturalista, del sociólogo o del tecnólogo, y por esto la sociedad los
tolera y, ahora, hasta los estimula. Pero la materia prima que emplean los lógicos y los
matemáticos no es fáctica sino ideal.
Por ejemplo, el concepto de número abstracto nació, sin duda, de la coordinación parte,
y guijarros, por la otra; pero no por esto aquel concepto se reduce a esta operación
manual, ni a los signos que se emplean para representarlo. Los números no existen
fuera de nuestros cerebros, y aun allí dentro existen al nivel conceptual, y no al nivel
fisiológico. Los objetos materiales son numerables siempre que sean discontinuos; pero
no son números; tampoco son números puros (abstractos) sus cualidades o relaciones.
En el mundo real encontramos 3 libros, en el mundo de la ficción construimos 3 platos
voladores. ¿Pero quién vio jamás un 3, un simple 3?
La lógica y la matemática, por ocuparse de inventar entes formales y de establecer
relaciones entre ellos, se llaman a menudo ciencias formales, precisamente porque sus
objetos no son cosas ni procesos, sino, para emplear el lenguaje pictórico, formas en
las que se puede verter un surtido ilimitado de contenidos, tanto fácticos como
empíricos. Esto es, podemos establecer correspondencias entre esas formas (u objetos
formales), por una parte, y cosas y procesos pertenecientes a cualquier nivel de la
realidad por la otra. Así es como la física, la química, la fisiología, la psicología, la
economía, y las demás ciencias recurren a la matemática, empleándola como
herramienta para realizar la más precisa reconstrucción de las complejas relaciones que
se encuentran entre los hechos y entre los diversos aspectos de los hechos; dichas
ciencias no identifican las formas ideales con los objetos concretos, sino que interpretan
las primeras en términos de hechos y de experiencias (o, lo que es equivalente,
formalizan enunciados fácticos).
Lo mismo vale para la lógica formal: algunas de sus partes en particular, pero no
exclusivamente, la lógica proposicional bivalente pueden hacerse corresponder a
aquellas entidades psíquicas que llamamos pensamientos. Semejante aplicación de las
ciencias de la forma pura a la inteligencia del mundo de los hechos, se efectúa
asignando diferentes interpretaciones a los objetos formales. Estas interpretaciones son,
dentro de ciertos mites, arbitrarias; vale decir, se justifican por el éxito, la
conveniencia o la ignorancia. En otras palabras el significado fáctico o empírico que se
les asigna a los objetos formales no es una propiedad intrínseca de los mismos. De esta
manera, las ciencias formales jamás entran en conflicto con la realidad. Esto explica la
paradoja de que, siendo formales, se "aplican" a la realidad: en rigor no se aplican, sino
que se emplean en la vida cotidiana y en las ciencias fácticas a condición de que se les
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superpongan reglas de correspondencia adecuada. En suma, la lógica y la matemática
establecen contacto con la realidad a través del puente del lenguaje, tanto el ordinario
como el científico.
Tenemos así una primera gran división de las ciencias, en formales (o ideales) y fácticas
(o materiales). Esta ramificación preliminar tiene en cuenta el objeto o tema de las
respectivas disciplinas; también da cuenta de la diferencia de especie entre los
enunciados que se proponen establecer las ciencias formales y las fácticas: mientras los
enunciados formales consisten en relaciones entre signos, los enunciados de las
ciencias fácticas se refieren, en su mayoría, a entes extracientíficos: a sucesos y
procesos. Nuestra división también tiene cuenta el método por el cual se ponen a
prueba los enunciados verificables: mientras las ciencias formales se contentan con la
lógica para demostrar rigurosamente sus teoremas (los que, sin embargo, pudieron
haber sido adivinados por inducción común o de otras maneras), las ciencias fácticas
necesitan más que la lógica formal: para confirmar sus conjeturas necesitan de la
observación y/o experimento. En otras palabras, las ciencias fácticas tienen que mirar
las cosas, y, siempre que les sea posible, deben procurar cambiarlas deliberadamente
para intentar descubrir en qué medida sus hipótesis se adecuan a los hechos.
Cuando se demuestra un teorema lógico o matemático no se recurre a la experiencia:
el conjunto de postulados, definiciones, reglas de formación de las expresiones dotadas
de significado, y reglas de inferencia deductiva en suma, la base de la teoría dada
, es necesaria y suficiente para ese propósito. La demostración de los teoremas no es
sino una deducción: es una operación confinada a la esfera teórica, aun cuando a veces
los teoremas mismos (no sus demostraciones) sean sugeridos en alguna esfera
extramatemática y aun cuando su prueba (pero no su primer descubrimiento) pueda
realizarse con ayuda de calculadoras electrónicas. Por ejemplo, cualquier demostración
rigurosa del teorema de Pitágoras prescinde de las mediciones, y emplea figuras sólo
como ayuda psicológica al proceso deductivo: que el teorema de Pitágoras haya sido el
resultado de un largo proceso de inducción conectado a operaciones prácticas de
mediciones de tierras, es objeto de la historia, la sociología y la psicología del
conocimiento.
La matemática y la lógica son, en suma, ciencias deductivas. El proceso constructivo,
en que la experiencia desempeña un gran papel de sugerencias, se limita a la formación
de los puntos de partida (axiomas). En matemática la verdad consiste, por esto, en la
coherencia del enunciado dado con un sistema de ideas admitido previamente: por esto,
la verdad matemática no es absoluta sino relativa a ese sistema, en el sentido de que
una proposición que es válida en una teoría puede dejar de ser lógicamente verdadera
en otra teoría. (Por ejemplo, en el sistema de aritmética que empleamos para contar las
horas del día, vale la proposición de 24 + 1 = 1) Más aún las teorías matemáticas
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abstractas, esto es, que contienen términos no interpretados (signos a los que no se
atribuye un significado fijo, y que por lo tanto pueden adquirir distintos significados)
pueden desarrollarse sin poner atención al problema de la verdad.
Considérese el siguiente axioma de cierta teoría abstracta (no interpretada): ‘Existe por
lo menos un x tal que es F’. Se puede dar un número ilimitado de interpretaciones
(modelos) de este axioma, dándose a x y F otros tantos significados. Si decimos que S
designa punto, obtenemos un modelo geométrico dado: si adoptamos la convención de
que L designa número, obtenemos un cierto modelo aritmético, y así sucesivamente.
En cuanto llenamos la forma vacía con un contenido específico (pero todavía
matemático), obtenemos un sistema de entes lógicos que tienen el privilegio de ser
verdaderos o falsos dentro del sistema dado de proposiciones: a partir de ahí tenemos
que habérnoslas con el problema de la verdad matemática. Aun así tan sólo las
conclusiones (teoremas) tendrán que ser verdaderas: los axiomas mismos pueden
elegirse a voluntad. La batalla se habrá ganado si se respeta la coherencia lógica esto
es, si no se violan las leyes del sistema de lógica que se ha convenido en usar.
En las ciencias fácticas, la situación es enteramente diferente. En primer lugar, ellas no
emplean símbolos vacíos (variables lógicas) sino tan sólo símbolos interpretados; por
ejemplo no involucran expresiones tales como 'x es F', que no son verdaderas ni falsas.
En segundo lugar, la racionalidad esto es, la coherencia con un sistema de ideas
aceptado previamente es necesaria pero no suficiente para los enunciados fácticos;
en particular la sumisión a algún sistema de lógica es necesaria pero no es una garantía
de que se obtenga la verdad. Además de la racionalidad, exigimos de los enunciados
de las ciencias fácticas que sean verificables en la experiencia, sea indirectamente (en
el caso de las hipótesis generales), sea directamente (en el caso de las consecuencias
singulares de las hipótesis). Únicamente después que haya pasado las pruebas de la
verificación empírica podrá considerarse que un enunciado es adecuado a su objeto, o
sea que es verdadero, y aun así hasta nueva orden. Por lo que el conocimiento fáctico
verificable se llama a menudo ciencia empírica.
En resumidas cuentas, la coherencia es necesaria pero no suficiente en el campo de las
ciencias de hechos: para anunciar que un enunciado es (probablemente) verdadero se
requieren datos empíricos (proposiciones acerca de observaciones o experimentos). En
última instancia, sólo la experiencia puede decirnos si una hipótesis relativa a cierto
grupo de hechos materiales es adecuada o no. El mejor fundamento de esta regla
metodológica que acabamos de enunciar es que la experiencia le ha enseñado a la
humanidad que el conocimiento de hecho no es convencional, que si se busca la
comprensión y el control de los hechos debe partirse de la experiencia. Pero la
experiencia no garantizará que la hipótesis en cuestión sea la única verdadera: sólo nos
dirá que es probablemente adecuada, sin excluir por ello la posibilidad de que un
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estudio ulterior pueda dar mejores aproximaciones en la reconstrucción conceptual del
trozo de realidad escogido. El conocimiento fáctico, aunque racional, es esencialmente
probable: dicho de otro modo: la inferencia científica es una red de inferencias
deductivas (demostrativas) y probables (inconcluyentes).
Las ciencias formales demuestran o prueban: las ciencias cticas verifican (confirman
o disconfirman) hipótesis que en su mayoría son provisionales. La demostración es
completa y final; la verificación es incompleta y por eso temporaria. La naturaleza
misma del método científico impide la confirmación final de las hipótesis fácticas
(Tabla 3). En efecto los científicos no sólo procuran acumular elementos de prueba de
sus suposiciones multiplicando el número de casos en que ellas se cumplen; también
tratan de obtener casos desfavorables a sus hipótesis, fundándose en el principio lógico
de que una sola conclusión que no concuerde con los hechos tiene más peso que mil
confirmaciones. Por ello, mientras las teorías formales pueden ser llevadas a un estado
de perfección (o estancamiento), los sistemas relativos a los hechos son esencialmente
defectuosos: cumplen, pues, la condición necesaria para ser el estudio de las ciencias
fáctiles puede inducirnos a considerar el mundo como inagotable, y al hombre como
una empresa inconclusa e interminable.
Las diferencias de método, tipo de enunciados y referentes que separan las ciencias
fácticas de las formales, impiden que se las examine conjuntamente más allá de cierto
punto. Por ser una ficción seria, rigurosa y a menudo útil, pero ficción al cabo, la ciencia
formal requiere un tratamiento especial. En lo que sigue nos concentraremos en la
ciencia fáctica. Daremos un vistazo a las características peculiares de las ciencias de la
naturaleza y de la cultura en su estado actual, con la esperanza de que la ciencia futura
enriquezca sus cualidades o, al menos, de que las civilizaciones por venir hagan mejor
uso del conocimiento científico.
Los rasgos esenciales del tipo de conocimiento que alcanzan las ciencias de la
naturaleza y de la sociedad son la racionalidad y la objetividad. Por conocimiento
racional se entiende:
a) que está constituido por conceptos, juicios y raciocinios y no por sensaciones,
imágenes, pautas de conducta, etc. Sin duda, el científico percibe, forma imágenes (por
ejemplo, modelos visualizables) y hace operaciones; por tanto el punto de partida como
el punto final de su trabajo son ideas;
b) que esas ideas pueden combinarse de acuerdo con algún conjunto de reglas lógicas
con el fin de producir nuevas ideas (inferencia deductiva). Estas no son enteramente
nuevas desde un punto de vista estrictamente lógico, puesto que están implicadas por
las premisas de la deducción; pero no gnoseológicamente nuevas en la medida en que
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expresan conocimientos de los que no se tenía conciencia antes de efectuarse la
deducción;
c) que esas ideas no se amontonan caóticamente o, simplemente, en forma cronológica,
sino que se organizan en sistemas de ideas, esto es en conjuntos ordenados de
proposiciones (teorías).
Que el conocimiento científico de la realidad es objetivo, significa:
a) que concuerda aproximadamente con su objeto; vale decir que busca alcanzar la
verdad fáctica;
b) que verifica la adaptación de las ideas a los hechos recurriendo a un comercio
peculiar con los hechos (observación y experimento), intercambio que es controlable y
hasta cierto punto reproducible.
Ambos rasgos de la ciencia fáctica, la racionalidad y la objetividad, están íntimamente
soldados. Así, por ejemplo, lo que usualmente se verifica por medio del experimento
es alguna consecuencia extraída por vía deductiva de alguna hipótesis; otro
ejemplo: el cálculo no sólo sigue a la observación sino que siempre es indispensable
para planearla y registrarla” (Bunge, s/f, pp. 6-10).
Tabla 3: Las ciencias formales desde la visión de Mario Bunge
Característica de las ciencias
Ciencia formal
Ciencia fáctica
Tiene un objeto de estudio
Ideas
Hechos
Cuenta con una representación
Signos, símbolos
Palabras
Tiene un método de análisis
Inducción, deducción, lógica
Método científico
Comprobación
Mediante el razonamiento
Mediante la praxis
Sus tipos
Lógica y matemáticas
Ciencias naturales y sociales
Nota: Elaboración propia
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Capítulo I
Ciencias formales
La ciencia matemática es el estudio de los números, las relaciones y demás entes
matemáticos, que analizan el esquema de la realidad misma, es decir, su formalización, bajo
leyes de operación y de construcción. Aurelio Baldor (1985-1986) nos dice:
“Cuando consideramos las cantidades, es decir, los estados particulares de las
magnitudes, podemos apreciar no sólo que pueden ser objeto de comparación y
determinar igualdad o desigualdad entre esos estados, sino las variaciones que puede
sufrir un mismo estado para tomar otros, en virtud de los fenómenos naturales
(distancia entre dos móviles que aumenta o disminuye; volumen de un sólido que se
hace mayor por la acción del calor; presión de un gas encerrado que varía al variar su
volumen).
La ciencia matemática tiene por objeto el estudio tanto de las magnitudes como de las
cantidades, que son las variaciones de aquéllas en el tiempo y en espacio (estados
particulares).
[…] Los criterios que generalmente se fijan para clasificar la Ciencia Matemática en
elemental y superior son algo arbitrarios.
Las tres ramas mejor caracterizadas de la Ciencia Matemática son, en general, la
Aritmética, el Álgebra y la Geometría. Mas, siguiendo un criterio cuantitativo (suma
total de asuntos estudiados) y otro cualitativo (complejidad de los asuntos objeto de
estudio), cualquiera de esas tres ramas presenta una serie de niveles que pueden
orientarse hacia lo elemental o hacia lo superior” (p. 10).
Por otra parte, en un enfoque más moderno, las matemáticas obedecen a diferentes criterios
de disposición de los entes que estudia, a partir de las investigaciones decimonónicas sobre
el número, las magnitudes, la axiomática y demás metodología. Boole perfila su identidad
bajo el punto de vista algebraico:
“Se puede definir la Aritmética como la teoría de los números naturales y de las
operaciones de adición y sustracción que los relacionan. El Álgebra clásica es la teoría
de las operaciones necesarias para resolver una ecuación, o también, la teoría general
de las ecuaciones. Así como el Álgebra es una generalización de la Aritmética, el
Álgebra Abstracta lo es respecto de aquélla, por ser el resultado de un doble proceso
de abstracción: a) generalización de la noción de número (independientemente, por
supuesto, de las conocidas ‘extensiones’ del campo natural) y b) generalización del
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concepto de operación. En las álgebras abstractas, en lugar de números se consideran
entes abstractos y en vez de operaciones leyes de composición. Los entes abstractos
son objetos cualesquiera y las leyes de composición son procedimientos regulares que
a dos elementos de un dominio permiten asociar un nuevo elemento. Las propiedades
fundamentales (conmutativa, asociativa, etc.) que deben cumplir estas leyes se llaman
axiomas, y, mediante ellos, se define una estructura algebraica.
Es posible, en consecuencia, definir un álgebra abstracta como el estudio de ciertas
leyes de composición, de sus propiedades fundamentales (axiomas) y de sus
consecuencias, con independencia de la naturaleza de los entes a los cuales estas leyes
se refieren. Es obvia, pues, la importancia de la noción de ley de composición (interna
y externa) y su carácter eminentemente primitivo, en el sentido formulista del término.
El álgebra moderna se puede caracterizar como una teoría de estructuras, lo que
posibilita las extensiones sucesivas del respectivo dominio. En dichas extensiones la
forma de los cálculos permanece constante variando, en cambio, la naturaleza de los
entes, que constituyen aplicaciones posibles de la estructura abstracta. Hay una
despreocupación por los entes y una focalización del interés en las relaciones. Una de
las ventajas lógicas de la teoría de las estructuras algebraicas reside en la identidad
estructural: dos conjuntos pueden diferir en sus elementos, en las propiedades de las
operaciones definidas entre ellos, pero si tienen en común los axiomas (es decir, las
propiedades fundamentales) pertenecerán al mismo tipo de estructura” (Boole, 1960,
p. 30)
Como es de notar, los dos conceptos fundamentales en la matemática son el concepto de
operación y el concepto de función, mediante los cuales se establece el concepto de
composición (interna y externa).
Una operación * es una aplicación *: AxB C que
lleva el par (a,b) ϵ AxB al elemento c= a*b ϵ C.
Para entender qué es una operación se hace necesario definir el producto cartesiano, junto
con el concepto intuitivo de operación.
“Un operador * y dos operandos ‘a’ y ‘b’, de tal forma que (a,b) → a*b”. La operación pues,
relaciona dos elementos.
El producto cartesiano dado en dos conjuntos es una operación que da como resultado un
tercer conjunto, compuesto por cada uno de los pares ordenados que se forman; al primer
elemento del par le corresponde en igualdad un elemento del primer conjunto, mientras que
al segundo elemento le corresponde uno del segundo conjunto
19
AxB = {(a,b) / a ϵ A y b ϵ B}
En el mismo tenor de lo anterior, las operaciones pueden ser de dos tipos: cuando A=B=C,
se dice que es una operación interna, en un caso distinto, se habla de operaciones externas.
20
A partir de una operación interna sobre un mismo conjunto, pueden establecerse las
propiedades de dicha operación.
Conmutativa
Asociativa
Elemento neutro
Elemento simétrico
Elemento cancelable
Distributiva
Conmutativa: a*b = b*a para todo a,b ϵ A
Asociativa: a*(b*c) = (a*b)*c para todo a,b,c ϵ A
Elemento neutro: para todo a ϵ A, existe un e ϵ A / a*e = e*a = a
Elemento simétrico: b ϵ A, es el simétrico si a*b = b*a = e
Elemento cancelable: a ϵ A es cancelable si a*b = a*c, implicando que b = c
para todo b,c ϵ A
Distributiva: a°(b*c) = (a°b)*(a°c)
Todo lo cual da paso a la formación de las estructuras algebraicas, dadas a partir de las
propiedades implícitas a las operaciones, dependiendo del conjunto en el que se opere (un
conjunto no vacío) (Tabla 4).
Magma
Semigrupo
Grupo
Grupo abeliano
Anillo
Anillo conmutativo
Dominio
Cuerpo
21
Tabla 4: Formación de las estructuras algebraicas
(A,*)
* es una operación interna en A
* es asociativa en A
Semigrupo
(A,*)
* es una operación interna en A
* es asociativa en A
* tiene elemento neutro en A
Todo elemento de A tiene simétrico por
medio de *
Grupo
(A,*)
Grupo
* es conmutativa
Grupo abeliano
(A,*,°)
° es operación interna en A
° es asociativa en A
° tiene elemento neutro en A
° es distributiva respecto a *
Anillo
(A,*,°)
Anillo
° es conmutativa en A
Anillo conmutativo
(A,*,°)
Anillo conmutativo y todo elemento de
A/{e} es cancelable por °
Dominio
(A,*,°)
Dominio y todo elemento de A/{e} tiene
un simétrico por °
Cuerpo
Nota: Elaboración propia
Ejemplos de las estructuras algebraicas los tenemos en las operaciones que se dan en ciertos
tipos de conjuntos.
(N,+) es un semigrupo
(Z,+) es un grupo abeliano
(Z,-) es magma
(Q,+) es un grupo conmutativo
22
(R,+) es un grupo conmutativo
(Q,*) es un semigrupo
(R,*) es un semigrupo
(R*,*) es un grupo abeliano
(Z,+,*) es un dominio
(Q,+,*) es un cuerpo
Siendo que N es el conjunto de los números naturales, Z el conjunto de los números enteros,
Q el conjunto de los números racionales y R el conjunto de los números reales, en tanto que
+” y “*” indican las operaciones de la adición y producto.
Asimismo y en el orden de lo anterior, otra forma típica de enfocar las matemáticas se da
mediante la perspectiva geométrica sobre la misma, en la concepción euclidiana:
Definición 1
Un punto es lo que no tiene partes.
Definición 2
Una línea es una longitud sin anchura.
23
Definición 3
Los extremos de una línea son puntos.
Definición 4
Una línea recta es aquella que yace por igual respecto de los puntos que están
en ella.
Definición 5
Una superficie es aquello que sólo tiene longitud y anchura.
Definición 6
Los extremos de una superficie son líneas.
Definición 7
Una superficie plana es aquella superficie que yace por igual respecto de las
líneas que están en ella.
Definición 8
Un ángulo plano es la inclinación mutua de dos líneas que se encuentran una a
otra en un plano y no están en línea recta.
Definición 9
Cuando las líneas que comprenden el ángulo son rectas, el ángulo se llama
rectilíneo.
Definición 10
Cuando una línea recta que está sobre otra hace que los ángulos adyacentes
sean iguales, cada uno de los ángulos es recto, y la recta que está sobre la otra
se llama perpendicular a la otra recta.
Definición 11
Un ángulo obtuso es un ángulo mayor que un ángulo recto.
24
Definición 12
Un ángulo agudo es un ángulo menor que un ángulo recto.
Definición 13
Un límite es lo que es extremo de algo.
Definición 14
Una figura es aquello que está contenido por cualquier límite o límites.
Definición 15
Un círculo es una figura plana comprendida por una sola línea (llamada
circunferencia) de tal modo que todas las rectas dibujadas que caen sobre ella
desde un punto de los que están dentro de la figura son iguales entre sí.
Definición 16
Y el punto se llama centro del círculo.
Definición 17
Un diámetro de un círculo es una recta cualquiera que pasa por el centro y que
acaba en ambas direcciones en la circunferencia del círculo; esta línea recta
también divide el círculo en dos partes iguales.
Definición 18
Un semicírculo es la figura comprendida entre el diámetro y la circunferencia
cortada por él. El centro del semicírculo es el mismo que el del círculo.
Definición 19
Figuras rectilíneas son aquellas que están comprendidas por líneas rectas,
triláteras las comprendidas por tres, cuadriláteras las comprendidas por cuatro
y multiláteras las comprendidas por más de cuatro líneas rectas.
Definición 20
25
De los triángulos, el equilátero es el que tiene los tres lados iguales; isósceles
el que tiene dos lados iguales y uno de desigual; y escaleno el que tiene los
tres lados desiguales.
Definición 21
De los triángulos, triángulo rectángulo es el que tiene un ángulo recto,
obtusángulo el que tiene un ángulo obtuso y acutángulo el que tiene los tres
ángulos agudos.
Definición 22
De los cuadriláteros, cuadrado es el que tiene los lados iguales y los ángulos
rectos; rectángulo el que es rectangular pero no equilátero; rombo el que es
equilátero, pero no tiene los ángulos rectos; y romboide el que tiene los lados
y los ángulos opuestos iguales, pero ni es equilátero ni tiene los ángulos
rectos. Los otros cuadriláteros se llaman trapecios.
Definición 23
Rectas paralelas son aquellas que, estando en un mismo plano y siendo
prolongadas indefinidamente en ambos sentidos, no se encuentran una a otra
en ninguno de ellos.
Nociones comunes 1
Cosas iguales a una tercera son iguales entre sí.
Nociones comunes 2
Si a cosas iguales se añaden cosas iguales, los totales son iguales también.
Nociones comunes 3
Si a cosas iguales se quitan cosas iguales, los restos son iguales también.
Nociones comunes 4
Las cosas que coinciden entre sí son iguales entre sí.
Nociones comunes 5
26
El todo es mayor que la parte.” (Euclides, 1991, pp. 189-201).
Partiendo de la concepción de punto, se extiende a la línea, llegando a la superficie, hasta
establecer las figuras planas: círculo y las figuras encerradas entre líneas rectas (triángulo,
cuadrilátero, entre otras), hasta concebir la idea de lo paralelo (líneas que guardan la misma
dirección (abertura angular) pero que no se tocan, por más que “sus extremos se extiendan”.
También es de notar que el círculo, figura encerrada por una sola línea, la circunferencia, es
concebido desde la antigüedad como una figura perfecta, desde la filosofía antigua. Nosotros
podemos observar con la precisión matemática el porqué de esta creencia.
En las ciencias en general se tiende a hablar de la unidad de principio: el que todas las cosas
de la existencia se expliquen a través de una cuantía finita de principios, como sucede, por
ejemplo, con la ley de la gravitación universal.
“Las nociones que forman parte de otras nociones, son positivas o negativas;
conocemos por las primeras lo que es la cosa y por las últimas lo que no es.
Las nociones negativas sirven para salvarnos del error; no son, pues, necesarias en el
caso en que sea imposible engañarnos. Son muy necesarias y de suma importancia para
la noción que nos formamos de un ser tal como Dios.
Por medio de las nociones positivas pretendemos, pues, comprender alguna cosa; por
medio de las negativas (a las cuales pueden reducirse todas las parciales), únicamente
estamos a salvo de comprender mal, o mejor dicho, no nos engañamos, pero
acostumbrándonos a no conocer nada de la cosa.
Las nociones elementales son importantes y fecundas, o insignificantes y vacías. Una
noción tiene el primero de estos caracteres, cuando constituye un principio de
conocimiento abundante en consecuencias importantes, sea por razón de su aplicación
interna o de derivación, en tanto que basta para conocer mucho de la cosa, sea por razón
de su aplicación externa o de comparación, en tanto que sirve para conocer la
semejanza de una cosa con otras muchas, como también la diferencia entre aquella y
estas” (Kant, 2003, pp. 39-40).
De la misma forma, la circunferencia o línea que delimita a la figura plana del círculo parte
de una misma y única línea, a partir de ella pueden explicarse múltiples fenómenos
matemáticos, tales como pi π (3,141592654), los radianes, las identidades trigonométricas
(seno, coseno), entre otras (Figura 2).
27
Figura 2: Circunferencia, elementos identificables, generado con software Geogebra
Nota: Elaboración propia
Si suponemos que el valor de los radios de la circunferencia es 1, de tal forma que todos los
puntos identificables en la misma se unan con el centro mediante una línea cuya distancia es
igual a 1, se puede obtener el valor de la función seno y coseno, en donde los valores de su
variable independiente serán iguales a los puntos identificables en la circunferencia, o los
radianes.
El sustrato del triángulo de Pascal, en su figura y profundidad, también esa hallada en la
figura mítico-matemática de la tetraktys, suerte de expresión geométrica de los entes
matemáticos.
“Los pitagóricos consideraron a la τετρακτύς (tetraktys), una suerte de ‘paradigma
numérico’ del resto de los sistemas posibles. Ellos acostumbraban a arreglar números
en formas geométricas, y no faltan registros de la antigüedad acerca de las propiedades
de las formaciones triangulares, pentagonales, cuadradas, etc. Guthrie afirma que la
observación de que las relaciones entre los diferentes tipos de ‘números geométricos’
siguen ciertos patrones definidos, seguramente propició la disputa pitagórica de que el
estudio matemático es un camino importante hacia la percepción de leyes universales
(Figura 3).
Parece ser muy apropiado afirmar que la τετρακτύς simboliza, como la escala musical,
una imagen diferenciada de la Unidad, que procede desde el Uno (el punto), a través
28
de la línea (dos puntos), la superficie (tres puntos) para arribar finalmente al tetraedro,
la primera forma tridimensional: ¡la Unidad surgiendo de la multiplicidad! Una
verdadera cosmogénesis” (Gramaglia, s/f, p. 9).
Figura 3: Tetraktys pitagórica, generado con software Geogebra
Nota: Elaboración propia
Asimismo, dos de los entes más constantes que existen en las matemáticas son las
progresiones, específicamente, la progresión geométrica y la progresión aritmética. La
aritmética es aquella en la que la ley de continuidad se valúa en la diferencia entre los
elementos de la sucesión: (1, 3, 5, 7, 9, 11,…, n, n+2).
a y d/ a, a+d, a+2d,…, a+nd
Mientras que la geométrica es aquella cuya ley de continuidad se valúa en el factor
establecido entre los elementos de la sucesión: (2, 4, 8, 16, 32,…, n, n*2).
a y r/ a, ar, ar2,…, arn
29
Las progresiones son usadas para analizar fenómenos de la realidad, como en la economía
con el maltusianismo, consistiendo en la perspectiva de que la producción de alimentos será
menor que la reproducción humana, o en el estudio de las leyes de la percepción, con Weber-
Fechner, en las que las magnitudes de los fenómenos físicos serán mayores que las
magnitudes de las percepciones. Como también en el estudio de las espirales, sea la espiral
de Arquímedes y la espiral logarítmica (Figura 4).
Figura 4: Espiral de Arquímedes, generado con software Geogebra
Nota: Elaboración propia
Por otra parte, las matemáticas en su armazón conceptual como ciencia, se despliegan
mediante una metodología, llamada método geométrico: parten de una serie de conceptos
intuitivos, para concluir de manera deductiva sobre lo que se desea demostrar.
“En toda consideración sobre el carácter de una ciencia, hay que distinguir entre objetos
y sus relaciones y propiedades de los objetos y sus relaciones.
30
Objeto, desde el punto de vista de la ciencia, no tiene que ser necesariamente una cosa
material […].
La inteligencia humana tiene conocimiento de los objetos de diversas maneras. Hay
conocimientos puramente intuitivos, es decir, conocimientos que logramos por
intuición sensible, por contacto directo con los objetos sin que medien para ello otros
conocimientos anteriores. La mente los capta sin razonamiento alguno. De este tipo es
el conocimiento de espacio, materia, unidad, pluralidad, ordenación y correspondencia,
entre otros.
Estos conocimientos reciben el nombre de conceptos primitivos o intuitivos y también
el de nociones intuitivas, y tienen mucha importancia como fundamento de la Ciencia
Matemática. La definición expresa una noción compleja mediante la enumeración de
las nociones más simples que la integran. Por eso se dice que los objetos representados
por las nociones intuitivas no son definibles, por no existir nociones previas que las
integren.
Las propiedades de los conceptos primitivos y de los conceptos definibles forman, por
decirlo así, toda la armazón teórica de la Ciencia Matemática y se enuncian en forma
de proposiciones lógicas, evidentes o no. Estas propiedades son los postulados y los
teoremas. Del mismo modo que existen los conceptos primitivos, hay ciertas
propiedades fundamentales de carácter también intuitivo y, por tanto, de captación
espontánea. Son los postulados.
Postulado es una verdad intuitiva que tiene suficiente evidencia para ser aceptada como
tal. Hay otras propiedades que han ido surgiendo a partir de un corto número de
propiedades intuitivas. Tienen carácter eminentemente deductivo; requiriéndose este
tipo de razonamiento gico (demostración) para que puedan ser aceptados con el
carácter de verdades absolutas. Son los teoremas.
Teorema es, pues, una verdad no evidente, pero demostrable. Tanto el teorema como
el postulado tienen una parte condicional (hipótesis) y una conclusión (tesis) que se
supone se cumple caso de tener validez la hipótesis. En el postulado este cumplimiento
se acepta tácitamente. En el teorema es necesaria la demostración, que consiste en una
serie de razonamientos eslabonados, los cuales se apoyan en propiedades intuitivas
(postulados), en otros teoremas ya demostrados o en ambos.
El lema es un teorema que debe anteponerse a otro por ser necesario para la
demostración de este último. El corolario es una verdad que se deriva como
consecuencia de un teorema. El escolio es una advertencia u observación sobre alguna
cuestión matemática” (Baldor, 1985-1986, pp. 10-12).
31
El estudio de la lógica es un preámbulo obligatorio de todas las ciencias, ya que este saber se
considera que es un instrumento, organon o propedéutica, en la adquisición del pensar claro
en los demás saberes.
La lógica es el estudio de los métodos y principios que se usan para distinguir el
razonamiento bueno (correcto) del malo (incorrecto). Esta definición no implica que
sólo el estudiante de lógica pueda razonar bien o correctamente. Pensar así es tan
erróneo como creer que para correr bien se requiere estudiar la física y la fisiología
asociadas con esa actividad. Algunos atletas excelentes ignoran por completo los
procesos complejos que tienen lugar en el interior de su cuerpo cuando están
compitiendo. Sobra decir que los viejos profesores que saben mucho al respecto no se
atreverían a incursionar en el terreno atlético. Aun con el mismo aparato nervioso y
muscular básico, la persona que posee tales conocimientos no puede sobrepasar al
‘atleta natural’.
Pero dada la misma inteligencia nata, es más probable que una persona que ha
estudiado lógica razone correctamente y menos probable que así razone una persona
que nunca ha reflexionado acerca de los principios generales involucrados en esa
actividad. Hay varias razones que explican esto. Primera, el estudio apropiado de la
lógica la entenderá lo mismo como un arte que como una ciencia, y el estudiante se
ejercitará en cada una de las partes de la teoría que está aprendiendo. En este como en
cualquier otro caso, la práctica llevará al perfeccionamiento. Segunda, una parte
tradicional del estudio de la lógica ha sido el examen y el análisis de las falacias, que
son errores muy frecuentes y ‘naturales’ del razonamiento.
Esta parte del tema proporciona una visión más cabal acerca de los principios del
razonamiento en general y de que la familiaridad con esas trampas nos ayuda a evitar
caer en ellas. Por último, el estudio de la lógica proporcionará a los estudiantes técnicas
y métodos para verificar la corrección de muchos tipos diferentes de razonamiento,
incluyendo el suyo propio; y cuando los errores se pueden detectar fácilmente, es
menos probable que perduren.
En ocasiones, la apelación a las emociones es un recurso eficaz. Pero la apelación a la
razón es más efectiva a la larga y se puede verificar y evaluar mediante criterios que
definen la corrección de un argumento. Si estos criterios no se conocen, entonces no se
pueden aplicar. El estudio de la lógica ayuda a descubrir y utilizar estos criterios de
corrección de argumentos que pueden usarse.
Frecuentemente, se ha definido a la lógica como la ciencia de las leyes del pensamiento.
Pero esta definición, aunque proporciona una clave para comprender la naturaleza de
la lógica, no es apropiada. En primer lugar, el pensamiento es estudiado por los
psicólogos. La lógica no puede ser ‘la’ ciencia de las leyes del pensamiento porque la
32
psicología también es una ciencia que trata de las leyes del pensamiento (entre otras
cosas). Y la lógica no es una rama de la psicología; es un campo de estudio diferente e
independiente.
En segundo lugar, si ‘pensamiento’ se refiere a cualquier proceso que tiene lugar en la
mente de las personas, no todos los pensamientos son objeto de estudio de los lógicos.
Todo razonamiento es un pensamiento, pero no todo pensamiento es razonamiento.
Así, uno puede pensar en un número del uno al diez, como sucede en un juego de salón,
sin hacer razonamiento’ alguno acerca de él. Hay varios procesos mentales o tipos de
pensamiento que son diferentes del razonamiento.
Uno puede recordar algo, imaginarlo o lamentarse de él, sin hacer razonamiento alguno
en torno a ello. O puede dejar que los pensamientos ‘sigan su curso’ en un ensueño o
en una fantasía, haciendo lo que los psicólogos llaman asociación libre, en la cual una
imagen reemplaza a otra en un orden que no es lógico.
La secuencia de pensamientos en esa asociación libre frecuentemente tiene mucho
significado y algunas cnicas psiquiátricas recurren a ella. El conocimiento que se
logra del carácter de una persona al internarse en el curso de su flujo de ideas es la base
de una técnica literaria muy eficaz iniciada por James Joyce en su novela Ulises. Por
el contrario, si de antemano se conoce bien el carácter de una persona es posible
reconstruir, o aun anticipar, el curso del flujo de ideas de esa persona.
Sherlock Holmes, recordemos, acostumbraba a romper los silencios de su amigo
Watson para responder la misma pregunta a la que el doctor Watson se había visto
‘llevado’ en sus meditaciones. Esto parece mostrarnos que hay algunas leyes que
gobiernan la ensoñación, pero éstas no son objeto de estudio de los lógicos. Las leyes
que describen el curso de la mente en el sueño son psicológicas, no lógicas. La
definición de la ‘lógica’ como la ciencia de las leyes del pensamiento, la presenta como
incluyendo demasiado. A veces se define a la lógica como la ciencia del razonamiento.
Esta definición es mucho mejor, pero también resulta inapropiada.
El razonamiento es una forma especial de pensamiento en la cual se resuelven
problemas, se realizan inferencias, esto es, se extraen conclusiones a partir de premisas.
Es un tipo de pensamiento, sin embargo, y por lo tanto, forma parte de los temas que
interesan al psicólogo. Tal como los psicólogos examinan el proceso de razonamiento,
encuentran que es extremadamente complejo, altamente emotivo, consistente de
procedimientos de ensayo y error iluminados por momentos súbitos, y en ocasiones en
apariencia irrelevantes, de comprensión o intuición. Estos destellos son muy
importantes para la psicología.
33
El lógico, empero, está interesado esencialmente en la corrección del proceso completo
de razonamiento. El lógico pregunta: ¿Tiene solución el problema?, ¿se sigue la
conclusión de las premisas que se han afirmado o supuesto?, ¿las premisas
proporcionan buenas razones para aceptar la conclusión? Si el problema queda
resuelto, si las premisas proporcionan las bases adecuadas para afirmar la conclusión,
si afirmar las premisas constituye una verdadera garantía para afirmar la verdad de la
conclusión, entonces el razonamiento es correcto. De lo contrario, es incorrecto. Esta
distinción entre el razonamiento correcto e incorrecto es el problema central con el que
trata la lógica. Los métodos y técnicas del lógico se han desarrollado con el propósito
fundamental de aclarar esta distinción.
Todo razonamiento (independientemente de su objeto) es de interés para el lógico, pero
fijando su atención especialmente en la corrección como punto central de la lógica
(Copi & Cohen, 2007, pp. 17-19).
Asimismo, el lenguaje lógico es especial frente a otros tipos de lenguaje. Es decir, no todo
lenguaje cae bajo el dominio de la lógica como ciencia formal.
“Algún orden ha de imponerse en esa vertiginosa variedad de usos del lenguaje
dividiéndolos en tres categorías generales: la informativa, la expresiva y la directiva.
Esta triple división es, de hecho, una simplificación, quizás una sobresimplificación,
pero muchos autores dedicados a la lógica y al lenguaje la han encontrado muy útil.
El primero de estos usos del lenguaje es comunicar información. Ordinariamente, esto
se logra mediante la formulación y afirmación (o negación) de proposiciones. El
lenguaje usado para afirmar o negar proposiciones, o para presentar argumentos, se
dice que sirve a la función informativa. Aquí usamos la palabra ‘información’ para
incluir la desinformación o la mala información; proposiciones falsas lo mismo que
verdaderas, argumentos correctos e incorrectos. El discurso informativo se usa para
describir el mundo y para razonar acerca de él. No importa si los hechos que se alegan
son importantes o no, si son generales o particulares, en todo caso, el lenguaje se usa
para describirlos o reportarlos, esto es, se usa informativamente.
Del mismo modo que la ciencia nos proporciona los ejemplos más claros de discurso
informativo, así, la poesía rica nos muestra los mejores ejemplos del lenguaje que
sirve a una función expresiva. Las siguientes líneas de Quevedo:
Es hielo abrasador, es fuego helado,
es herida, que duele y no se siente,
es un soñado bien, un mal presente,
34
es un breve descanso muy cansado
desde luego no intentan informarnos de hechos o teorías concernientes al mundo. Aquí,
el poeta no está interesado en el conocimiento, sino en los sentimientos y actitudes. El
pasaje no ha sido escrito para describir información, sino para expresar ciertas
emociones que el poeta siente y para evocar sentimientos similares en el lector. El
lenguaje sirve a la función expresiva siempre que se usa para expresar o inducir
sentimientos o emociones. Aquí hemos estado usando el término ‘expresar’ en una
forma un poco más limitada de lo usual. Es perfectamente natural hablar de expresar
un sentimiento, una emoción o una actitud. Pero uno habla también, de manera
habitual, de expresar una opinión, una creencia o una convicción. Para evitar confundir
las funciones informativa y expresiva del lenguaje, hablaremos más bien de enunciar o
declarar una opinión o una creencia, y reservaremos el término ‘expresar’ en este
capítulo, para referirnos a la revelación o comunicación de sentimientos, emociones y
actitudes.
El lenguaje obedece a la función directiva cuando intenta ocasionar (o evitar) que se
realicen ciertas acciones (Tabla 5). Los ejemplos más claros son las órdenes y las
peticiones. Cuando un padre le dice a su hijo que se lave las manos antes de comer, la
intención no consiste en comunicar una información o en expresar o evocar una
emoción en particular. El lenguaje intenta, en este caso, obtener resultados, ocasionar
la acción del tipo previsto. Cuando el asistente a una obra de teatro dice a la encargada
de la taquilla ‘Dos, por favor’, el lenguaje se usa de nuevo en forma directiva para
producir una acción. La diferencia entre órdenes y peticiones puede ser sutil, porque
casi cualquier orden puede convertirse en una petición si se usa el tono adecuado de
voz o se ade la expresión ‘por favor’. Una pregunta se puede clasificar también como
un discurso directivo cuando, como sucede ordinariamente, se pide respuesta a ella»
(Copi & Cohen, 2007, pp. 94-96).
Tabla 5: Tipos de lenguaje y sus característica
Funciones del lenguaje
Características
Informativo
Comunica información
Directivo
Mandato imperativo
Expresivo
Expresa sentimientos y emociones, es figurativo.
Nota: Elaboración propia
35
Capítulo II
Ciencias fácticas I
Como vimos en el capítulo anterior, las matemáticas y la lógica hacen parten del esquema
formal del mundo, sus fenómenos y expresiones, a tal punto que los saberes fácticos hacen
uso de las mismas para abordar sus objetos materiales específicos. La física, por su parte,
despliega su saber en el uso de las matemáticas, lo cual será patente entenderlo con la
explicación de qué es una cantidad, y qué cantidad usa la física.
Las magnitudes y las cantidades son:
continuas
discretas
escalares
vectoriales
“Magnitudes continuas son aquellas que, como la longitud y el volumen, dan idea de
totalidad, sin partes o elementos naturales identificables […]. Magnitudes discontinuas
son las pluralidades de cosas, como las pluralidades de libros, de mesas, de rectas, etc.
Estas magnitudes también se llamas discretas. Magnitudes escalares son las que no
poseen dirección, como la longitud, el peso, el área, el volumen, el tiempo. Estas
magnitudes quedan completamente definidas por un número que expresa su medida.
Magnitudes vectoriales son las que poseen dirección y sentido, como la fuerza y la
velocidad. Para que estas magnitudes queden definidas no basta conocer su valor,
representado por un número, sino que es necesario, además, conocer su dirección y su
sentido” (Baldor, 1985-1986 pp. 8-9).
En la física, como puede verse, se hace uso de las magnitudes escalaras y vectoriales, puesto
que sus entes son conocidos mediante su valor y si tienen dirección, son posicionados en
tanto vectores.
“El propósito de la física es proporcionar un entendimiento del mundo material
mediante el desarrollo de teorías que surgen de observaciones experimentales. Una
teoría física, por lo general expresada de manera matemática, describe cómo funciona
un sistema físico. La teoría establece ciertas predicciones respecto al sistema físico que
pueden ser verificadas después. Si las predicciones que se producen corresponden
fielmente a lo que se observa en la realidad, entonces se establece la teoría, aunque
permanezca provisional. Actualmente ninguna teoría ha proporcionado una descripción
completa de todo fenómeno físico, incluso dentro de una determinada subdisciplina de
la física. Cada teoría es una obra de mejoramiento. Las leyes fundamentales de la física
36
incluyen cantidades físicas como fuerza, velocidad, volumen y aceleración, las cuales
se describen en términos de cantidades básicas. En mecánica, son convención las tres
cantidades longitud (L), masa (M) y tiempo (T); las otras cantidades físicas pueden ser
estructuradas a partir de estas tres.
Para reportar el resultado de una medida de cierta cantidad física, debe definirse una
unidad para la cantidad. Si, por ejemplo, se define la unidad básica de longitud que sea
1.0 metro y alguna persona que está familiarizada con el sistema de medida reporta que
una pared es de 2.0 metros de alto, entonces la altura de la pared es dos veces la unidad
básica de longitud. De la misma manera, si la unidad básica de la masa se define como
1.0 kilogramo y se dice que una persona tiene una masa de 75 kilogramos, entonces la
persona tiene una masa 75 veces más grande que la unidad básica de masa. En 1960
una comisión internacional coincidió en un sistema patrón de unidades para las
cantidades básicas de la ciencia, denominado SI (Système International). Sus unidades
de longitud, masa y tiempo son el metro, kilogramo y segundo, respectivamente.
Longitud
En 1799 el metro se convirtió en el patrón legal de longitud en Francia, definido como
una diezmillonésima de la distancia a partir del Ecuador hasta el Polo Norte. Hasta
1960, la longitud autorizada del metro fue la distancia entre dos líneas en una barra
específica de una aleación de platino-iridio almacenado bajo condiciones controladas.
Este modelo fue abandonado por varios motivos; el principal es que la medida de la
separación entre las líneas no son lo suficientemente precisas. En 1960 el metro fue
definido como 1650763.73 veces la longitud de onda de la luz rojo anaranjada emitida
por una lámpara de kriptón-86. En octubre de 1983 esta definición también fue
abandonada y el metro se redefinió como la distancia recorrida por la luz en el vacío
durante el intervalo de tiempo de 1/299792458 segundos. Esta última definición
establece la rapidez de la luz en 299792458 metros por cada segundo.
Masa
La unidad de masa en el SI, el kilogramo, se define como la masa de un cilindro
específico de aleación de platino-iridio que se guarda en la International Bureau of
Weights and Measures en Sèvres, Francia (parecido al que se muestra en la figura 1.1a).
[…] La masa es una cantidad que se utiliza para medir la resistencia a un cambio en el
movimiento de un objeto. Es más difícil provocar una alteración en el movimiento de
un objeto de masa considerable, que un objeto con una masa más pequeña.
Tiempo
37
Antes de 1960, el estándar de tiempo se definió en términos de la extensión promedio
de un día solar en el año 1900. (Un día solar es el tiempo entre las apariciones
consecutivas del Sol en el punto más alto que logra en el cielo cada día). La unidad
básica de tiempo, el segundo, se define como (1/60)(1/60)(1/24) = 1/86400 del
promedio del día solar. En 1967 el segundo fue definido una vez más al tomar ventaja
de la alta precisión lograda con un reloj atómico, que aplica la frecuencia característica
de la luz emitida a causa del átomo de cesio-133 como su ‘reloj de referencia’. Ahora
el segundo se define como 9192631700 veces el periodo de oscilación de radiación a
causa del átomo de cesio” (Serway & Vuille, 2012, pp. 1-2).
Antes de abordar los fenómenos propios de la física como ciencia, hay que entender a
profundidad qué es lo que se quiere decir con “unidad”, eso que posibilidad el entendimiento
de las diferentes expresiones físicas. Contar y medir son dos operaciones que nacen de la
conjunción del juego entre los tipos de cantidades y magnitudes, de cómo se relaciona la
continuo y lo discreto, partiendo de la coordinación de conjuntos:
“Dos conjuntos son coordinables cuando entre sus elementos puede establecerse una
correspondencia biunívoca o perfecta, de modo que a cada elemento del primer
conjunto corresponda uno y sólo uno del segundo conjunto, y a cada elemento del
segundo conjunto corresponda uno y sólo un elemento del primer conjunto.
A los conjuntos coordinables se les llama también equivalentes. […] La serie o
sucesión de conjuntos finitos en la cual cada conjunto tiene un elemento más que el
conjunto anterior y en la que puede suponerse que A es un conjunto de un solo
elemento, que tiene un elemento más que el conjunto nulo anterior o conjunto que
carece de elementos, representa la sucesión fundamental de los conjuntos finitos.
Añadiendo un elemento a un conjunto cualquiera de la sucesión fundamental, que
eventualmente quisiera considerarse como el último, obtenemos uno mayor (siguiente).
Añadiendo a éste un elemento más, obtenemos el que le sigue, y así sucesivamente.
En esta sucesión no hay dos conjuntos que sean coordinables entre sí. Por tanto, todo
conjunto finito cualquiera es coordinable con uno y sólo con uno de la sucesión
fundamental.
[…] Número natural es, pues, un concepto abstracto que simboliza cierta propiedad
común a todos los conjuntos coordinables entre sí.
[…] El número cardinal de un conjunto representa el conjunto.
El número cardinal de un conjunto siempre es el mismo, cualquiera que sea el orden en
que se cuentes sus elementos.
38
Todos los conjuntos coordinables entre sí tienen el mismo número cardinal, cualquiera
que sea la naturaleza de sus elementos. El número cardinal representa todos los
conjuntos coordinables entre sí, prescindiendo de la naturaleza y del orden de sus
elementos” (Baldor, 1985-1986 pp. 17-24).
Figura 5: Coordinación de conjuntos: a1,b2,c3,d4, generado con software Geogebra
Nota: Elaboración propia
La coordinación de conjuntos es una operación que con frecuencia se realiza. Para
contar los objetos y coordinar conjuntos cuando sea necesario, se utiliza como conjunto
de referencia un conjunto fijo que es el conjunto de los números naturales. Contar un
conjunto es coordinar sus elementos con una parte de la serie de los números naturales
comenzando por el 1.
39
[…] Cuando una cantidad continua ha sido real o imaginariamente seccionada en
elementos artificiales iguales, el conjunto de estos elementos se comporta de una
manera similar a las cantidades discretas y puede, por tanto, ser objeto de conteo.
El agua contenida en un recipiente (cantidad discreta) puede vaciarse en una serie de
frascos iguales para después contar los frascos que resultan llenos, es decir, las
porciones de agua contenidas en aquél. La distancia entre dos puntos (cantidad
continua) puede ser también seccionada en partes iguales por varios puntos, para luego
contar las distancias entre cada dos puntos consecutivos.
Medir es comparar dos cantidades homogéneas. Supongamos la longitud de una mesa
y la longitud de una regla (cantidades homogéneas). Llevemos la longitud de la regla
sobre la longitud de la mesa, y supongamos que cabe exactamente doce veces. Hemos
medido la longitud de la mesa con la longitud de la regla. Una de las cantidades, en
este caso la longitud de la regla, se llama unidad de medida. La otra cantidad es la
cantidad que se mide. Pudiera medirse también en forma similar la superficie de la
pizarra con la superficie de una hoja de papel; el peso de un libro con el peso de otro
libro, etc.
A diferencia de lo que sucede con las cantidades discretas, las unidades de medida no
son naturales, sino convencionales” (Baldor, 1985-1986, pp. 21-22). Como ya se ve,
medir es una forma particular de contar, que se traduce en coordinar un conjunto
particular con otro fijo, sea este el conjunto de la sucesión fundamental de los números.
Entre las múltiples expresiones que completan el mundo físico, tenemos:
Fuerza
Energía
Estados de la materia
Termodinámica
Vibraciones y ondas
“Todas las fuerzas fundamentales conocidas en la naturaleza son campos de fuerza. Éstas
son, en orden de intensidad decreciente, 1) la fuerza nuclear fuerte entre partículas
subatómicas, 2) las fuerzas electromagnéticas entre cargas eléctricas, 3) la fuerza nuclear
débil que surge en ciertos procesos de decaimiento radiactivo y 4) la fuerza gravitacional
entre objetos. La fuerza fuerte mantiene el núcleo de un átomo en vuelo separado debido a la
fuerza eléctrica repulsiva de los protones. La fuerza débil se incluye en la mayoría de los
procesos radiactivos y juega un papel importante en las reacciones nucleares que genera la
emisión energética del Sol. Las fuerzas fuerte y débil funcionan sólo a escala nuclear, con un
alcance muy corto del orden de 10215 m. Fuera de este alcance, no tienen influencia. De
40
cualquier modo, la física clásica sólo se relaciona con las fuerzas gravitacional y
electromagnética, que tienen un alcance infinito (Serway & Vuille, 2012, p. 87).
Tabla 6: Fuerzas fundamentales y sus características
Tipos de fuerza
Características
Nuclear fuerte
Relación de las partículas subatómicas
Electromagnetismo
Relación entre las cargas eléctricas (procesos
entre fotones)
Nuclear débil
Relación en el decaimiento radioactivo
Fuerza gravitacional
Relación entre la masa y el campo
gravitacional
Nota: Elaboración propia
“[…] Energía es uno de los conceptos más importantes en el mundo de la ciencia. El
uso cotidiano de la energía se asocia con el combustible necesario para el transporte y
calefacción, con electricidad para la iluminación y aparatos eléctricos y con los
alimentos que consumimos. De cualquier modo, estas asociaciones no dicen qué es la
energía, sólo lo que hace, y lo que produce requiere combustible.
La energía está presente en el Universo en una variedad de formas, que incluyen
energía mecánica, química, electromagnética y nuclear. Incluso la masa inerte de la
materia común contiene una gran cantidad de energía. Aunque la energía se puede
transformar de una clase a otra, a la fecha todas las observaciones y experimentos
sugieren que la cantidad total de energía en el Universo nunca cambia. Esto también es
verdadero para un sistema aislado, un conjunto de objetos que pueden intercambiar
energía entre sí, pero no con el resto del Universo.
Si una forma de energía en un sistema aislado disminuye, entonces otra forma de
energía debe aumentar en el sistema. Por ejemplo, si el sistema consiste en un motor
conectado a una batería, ésta convierte la energía química a energía eléctrica, y el motor
convierte energía eléctrica a energía mecánica. En todas las ciencias es esencial
comprender cómo cambia la energía de una forma a otra” (Serway & Vuille, 2012, p.
124).
“[…] La materia se clasifica normalmente al encontrarse en uno de tres estados: sólido,
líquido o gas. Frecuentemente, este sistema de clasificación se extiende para incluir un
cuarto estado de la materia llamado plasma. Cada día, la experiencia nos enseña que
un sólido tiene un volumen y forma definidos. Un ladrillo, por ejemplo, mantiene su
peculiar forma y tamaño en todo momento. Un líquido tiene un volumen definido, pero
no una forma definida. Cuando se llena el tanque de una cortadora de césped, la
gasolina cambia su forma: de aquella del contenedor original a la forma del tanque; sin
41
embargo, el volumen no cambia. Un gas se diferencia de los sólidos y líquidos en que
no tiene forma ni volumen definidos; no obstante, dado que el gas puede fluir, comparte
muchas propiedades con los líquidos.
Toda la materia está compuesta por alguna distribución de átomos. Los átomos en un
sólido, unidos por fuerzas que son principalmente eléctricas, están localizados en
posiciones específicas con respecto a unos y otros y vibran sobre dichas posiciones. A
bajas temperaturas, la vibración es poca y los átomos pueden considerarse
esencialmente fijos. Cuando se introduce energía al material, la vibración aumenta. Un
átomo que vibra puede verse como si estuviese unido a otros átomos vecinos por medio
de resortes que limitan la posición a un estado de equilibrio […]. Es posible imaginar
fuerzas externas aplicadas a los resortes cuando éstos se comprimen. Cuando dichas
fuerzas son eliminadas, el sólido tiende a regresar a su forma y tamaño originales. En
consecuencia, se dice que el sólido tiene elasticidad. Los sólidos pueden clasificarse ya
sea como cristalinos o amorfos. En un sólido cristalino, los átomos tienen una
estructura ordenada. Por ejemplo, en un cristal de cloruro de sodio (sal de mesa común),
los átomos de cloro y sodio se sitúan alternadamente en las esquinas de un cubo […]
En un sólido amorfo, como el vidrio, los átomos están arreglados casi de manera
aleatoria […]. Para cualquier sustancia, el estado líquido existe a temperaturas mayores
que en el estado sólido.
Las fuerzas intermoleculares en un líquido no son lo suficientemente grandes para
mantener las moléculas en posiciones fijas, por lo que éstas deambulan en forma
aleatoria a través del líquido. Tanto sólidos como líquidos comparten la propiedad de
que cuando se les intenta comprimir, grandes fuerzas atómicas repulsivas actúan
internamente para resistir la compresión. En estado gaseoso, las moléculas están en
constante movimiento aleatorio y ejercen sólo fuerzas débiles entre ellas. La distancia
promedio entre las moléculas en un gas es bastante grande comparada con el tamaño
de éstas. Ocasionalmente, las moléculas colisionan entre ellas, pero la mayor parte del
tiempo se mueven casi en completa libertad sin interacción alguna. Como resultado de
esto, a diferencia de los sólidos y líquidos, los gases pueden comprimirse fácilmente.
Se hablará más acerca de los gases en los capítulos siguientes. Cuando un gas es
calentado a altas temperaturas, muchos de los electrones que rodean cada átomo son
liberados del núcleo.
El sistema resultante es una colección de partículas libres cargadas eléctricamente:
electrones cargados negativamente y iones cargados positivamente. Un estado de la
materia altamente ionizado que contiene cantidades iguales de cargas positivas y cargas
negativas es llamado plasma. A diferencia de un gas neutral, las fuerzas eléctricas y
magnéticas de largo alcance permiten a los constituyentes del plasma interactuar entre
ellos. Los plasmas se encuentran dentro de las estrellas y en discos añadidos alrededor
42
de hoyos negros, por ejemplo, y son mucho más comunes que los estados sólido,
líquido y gaseoso, ya que existen muchas más estrellas alrededor que otra forma de
materia celeste.
La materia común, sin embargo, constituye sólo cerca de 5% de toda la materia en el
Universo. Observaciones en los últimos años han apuntado a la existencia de una
materia oscura invisible, la cual afecta el movimiento de las estrellas que orbitan en el
centro de las galaxias.
La materia oscura podría comprender hasta 25% de la materia en el Universo, muchas
veces más que la cantidad de materia común. Finalmente, la rápida aceleración del
Universo en expansión podría conducir a un estado aún más misterioso de la materia
llamado energía oscura, la cual podría constituir 70% de la materia en el Universo
(Serway & Vuille, 2012, p. 277-279).
“[…] ¿Cómo puede el agua atrapada hacer volar la cima de un volcán en una gran
explosión? ¿Qué causa que una acera o un camino se fracturen y se deformen
espontáneamente cuando cambia la temperatura? ¿Cómo puede la energía térmica
aprovecharse para hacer un trabajo, haciendo funcionar motores y turbinas que hacen
casi todo posible en la vida moderna? Contestar estas y otras preguntas relacionadas
está en el dominio de la física térmica, el estudio de la temperatura, el calor y cómo
afectan la materia. Las descripciones cuantitativas de fenómenos térmicos requieren
de definiciones cuidadosas de los conceptos de temperatura, calor y de la energía
interna. El calor conduce a cambios en la energía interna y, a su vez, a cambios en la
temperatura que causan la expansión o la contracción de la materia. Tales cambios
pueden dañar los caminos y los edificios, crear fracturas y tensiones en el metal y
hacer que materiales duros y rígidos se hagan flexibles y frágiles; esto último nos
puede llevar a desastres que nos desafían y que hay que enfrentar. Los cambios de
energía interna también se pueden aprovechar para el transporte, la construcción y la
preservación de alimentos. Los gases se aprovechan de manera que la energía térmica
produzca un trabajo. Dentro de rangos normales de temperatura, un gas que actúa
como un gran conjunto de partículas que no interactúan recíprocamente, se llama un
gas ideal. Tales gases se pueden estudiar en una escala macroscópica o microscópica.
En la escala macroscópica, la presión, el volumen, la temperatura y el número de
partículas asociadas a un gas se pueden relacionar en una sola ecuación conocida
como ley de los gases ideales. En la escala microscópica, un modelo llamado la teoría
cinética de los gases representa los componentes de un gas como partículas pequeñas.
Este modelo nos permitirá entender cómo los procesos en escala atómica afectan
características macroscópicas como la presión, la temperatura y la energía interna.
43
La temperatura se asocia comúnmente con qué tan caliente o frío se siente un objeto
cuando lo tocamos. Nuestros sentidos nos proveen de información cualitativa de la
temperatura, pero esta información no es confiable y a menudo es engañosa. Por
ejemplo una bandeja de metal con hielo se siente más fría en la mano, que un paquete
de vegetales congelados a la misma temperatura, porque los metales conducen la
energía térmica más rápidamente que un paquete de cartón. Lo que necesitamos es un
método más confiable y reproducible para hacer medidas cuantitativas, que lo que
establecen los subjetivos ‘caliente’ o ‘frío’ relativos al método de los objetos asociados
solamente con la temperatura. Para hacer tales mediciones, los científicos han
desarrollado diferentes tipos de termómetros. Cuando están colocados en contacto
mutuo, dos objetos de diferentes temperaturas iniciales, alcanzarán eventualmente una
temperatura intermedia común. Por ejemplo, si una taza de café caliente se refresca
con un cubo de hielo, el hielo eleva su temperatura y se derrite mientras que la
temperatura del café disminuye. Entender el concepto de temperatura requiere
comprender las ideas de contacto térmico y equilibrio térmico. Dos objetos están en
contacto térmico si pueden intercambiar energía entre ellos. Dos objetos están en
equilibrio térmico si están en contacto térmico y no hay intercambio neto de energía
entre ellos. Al intercambio de energía entre dos objetos debido a sus diferencias de
temperatura se le llama calor […]. Usando estas ideas, podemos desarrollar una
definición formal de la temperatura. Considere dos objetos A y B que no están en
contacto térmico uno con el otro y un tercer objeto C que actúa como termómetro, un
dispositivo calibrado para medir la temperatura de un objeto. Deseamos determinar
si A y B estarían en equilibrio térmico si fueran colocados en contacto térmico. El
termómetro (objeto C) se coloca primero en contacto térmico con A hasta que se
alcanza el equilibrio térmico, como en la figura 10.1a, con lo cual la lectura del
termómetro se registra. Después, el termómetro se coloca en contacto térmico con B y
su lectura se registra otra vez cuando se establece el equilibrio. Si las dos lecturas son
iguales, entonces A y B están en equilibrio térmico uno con el otro. Si A y B se colocan
en contacto térmico uno con otro, como en la figura 10.1c, no hay transferencia neta
de energía entre ellos (Serway & Vuille, 2012, pp. 331-332).
El movimiento periódico, desde masas sobre resortes hasta vibraciones de átomos, es
una de las clases más importantes de comportamiento físico. [Con] la ley de Hooke,
donde la fuerza es proporcional al desplazamiento, tendiendo a restaurar a los objetos
a una cierta posición de equilibrio. Una gran cantidad de sistemas físicos se pueden
modelar con éxito con esta simple idea, incluyendo las vibraciones de cuerdas, la
oscilación de un péndulo y la propagación de las ondas de todas las clases. Todos
estos fenómenos sicos involucran un movimiento periódico. Las vibraciones
periódicas pueden causar perturbaciones que se mueven en un medio bajo la forma de
ondas. Muchas clases de ondas se observan en la naturaleza como ondas acústicas,
44
ondas del agua, ondas sísmicas y ondas electromagnéticas(Serway & Vuille, 2012,
p. 437).
45
Capítulo III
Ciencias fácticas II
Se cree que desde la perspectiva filosófica en las ciencias fácticas, el aprendizaje implica un
número significativo de problemas que no les importan los científicos, porque estos no son
sus propios problemas de la praxis, definición y clasificación de conceptos científicos,
cuestiones de condiciones de aprendizaje teórico, la naturaleza de los derechos científicos,
lógica, evolución y cambio de teorías científicas, contraste experimental de hipótesis y teoría,
lógica de conclusiones científicas. Estos temas y muchos otros temas están interesados en la
filosofía o la ciencia teórica son la naturaleza de los métodos, la lógica, la conciencia de los
ensayos y la semántica que agotó el tema de la filosofía científica es la disciplina. Mientras
que la ciencia descubre el mundo, la teoría de la investigación científica, ósea la filosofía de
la ciencia tiene en cuenta tanto los problemas sistemáticos de la actividad científica como sus
aspectos históricos, es decir, los cambios científicos.
Pero en cuanto a la naturaleza de la teoría científica, también es necesario preguntarse si es
una materia empírica dedicada a describir y determinar la estructura lógica de los productos
y métodos científicos y desarrollar conocimiento o no, por el contrario, si le corresponde
idear los principios que guían la actividad científica práctica. La frecuente apelación a la
afirmación de que la tarea de la filosofía de la ciencia es lograr una reconstrucción racional
de la ciencia, Es un remanente del antiguo modelo formal de la filosofía de la ciencia, que
dominó en gran medida hasta finales del siglo 20. Pero esto no está exento de dudas, porque
todo la reconstrucción racional de la ciencia se lleva a cabo desde una perspectiva filosófica
particular, o susceptible a una determinada interpretación filosófica, como la biología; es un
saber que tuvo interés desde tiempos de Aristóteles: cómo compartimos un tronco común con
otras especies. Así, con Charles Darwin y su naturalismo descubrimos que existen leyes
operatorias en las que caen todos los seres vivos:
“Tenemos buen fundamento para creer [...] que los cambios en las condiciones de vida
producen una tendencia a aumentar la variabilidad, y en los casos precedentes las
condiciones han cambiado, y esto sería evidentemente favorable a la selección natural,
por aportar mayores probabilidades de que aparezcan variaciones útiles. Si no aparecen
éstas, la selección natural no puede hacer nada. No se debe olvidar nunca que en el
término variaciones están incluidas simples diferencias individuales. Así como el
hombre puede producir un resultado grande en las plantas y animales domésticos
sumando en una dirección dada diferencias individuales, también lo pudo hacer la
selección natural, aunque con mucha más facilidad, por tener tiempo
incomparablemente mayor para obrar.
46
No es que yo crea que un gran cambio físico, de clima, por ejemplo, o algún grado
extraordinario de aislamiento que impida la inmigración, es necesario para que tengan
que quedar nuevos puestos vacantes para que la selección natural los llene,
perfeccionando algunos de los habitantes que varían; pues como todos los habitantes
de cada región están luchando entre con fuerzas delicadamente equilibradas,
modificaciones ligerísimas en la conformación o en las costumbres de una especie le
habrán de dar muchas veces ventaja sobre otras, y aun nuevas modificaciones de la
misma clase aumentarán con frecuencia todavía más la ventaja mientras la especie
continúe en las mismas condiciones de vida y saque provecho de medios parecidos de
subsistencia y defensa. No puede citarse ningún país en el que todos los habitantes
indígenas estén en la actualidad tan perfectamente adaptados entre y a las
condiciones físicas en que viven que ninguno de ellos pueda estar todavía mejor
adaptado o perfeccionado; pues en todos los países los habitantes indígenas han sido
hasta tal punto conquistados por producciones naturalizadas, que han permitido a
algunos extranjeros tomar posesión firme de la tierra. Y como las extranjeros han
derrotado así en todos los países a algunos de los indígenas, podemos seguramente
sacar la conclusión de que los indígenas podían haber sido modificados más
ventajosamente, de modo que hubiesen resistido mejor a los invasores” (Darwin, 1859,
pp. 69-70).
Por otra parte, la exposición biologicista de Darwin parte de las interpretaciones naturalistas
de su entorno, es decir, no son directamente científicas, a diferencia de Mendel, quien postuló
sus famosas leyes:
Primera ley de Mendel o ley de la uniformidad. Si se cruzan dos razas o líneas puras que
difieren para un determinado carácter, los descendientes de la primera generación son
todos iguales entre sí e iguales a uno de los progenitores.
Segunda ley de Mendel o ley de la segregación. Los dos tipos de factores hereditarios,
responsables de la aparición de los caracteres dominante y recesivo, que se encuentran
reunidos en los híbridos de la F1, se separan o segregan en los gametos y se reúnen
nuevamente y al azar para formar la F2, en la cual reaparece el carácter recesivo en
proporción de ¼ frente a ¾ que presentan el carácter dominante.
Las interpretaciones biológicas de los seres vivos, cayendo bajo el dominio de leyes, dio paso
a postulación de ideas de orden psicológico, enlazándose pues la biología con teorías de corte
psicológicas, como el behaviorismo o conductismo. ¿Por qué la gente se comporta de la
forma como lo hace? Probablemente ésta fue primero una pregunta práctica: ¿cómo podría
una persona anticipar y, por tanto, prepararse para lo que otra persona iba a hacer? Luego se
tornaría práctica en otro sentido: ¿cómo se podría inducir a una persona a comportarse de una
47
cierta manera? Eventualmente se convirtió en el problema de entender y explicar el
comportamiento. Siempre se la podría reducir a una pregunta acerca de las causas.
Tenemos tendencia a decir, y a menudo temerariamente, que si una cosa sigue a otra,
probablemente ésta cause a aquélla, siguiendo el antiguo principio de que post hoc,
ergo propter hoc (‘después de esto, por lo tanto, a causa de esto’). Entre los muchos
ejemplos que se pueden encontrar en la explicación del comportamiento humano, uno
es de especial importancia aquí. La persona con quien estamos más familiarizados
somos nosotros mismos; muchas de las cosas que observamos inmediatamente antes
de comportarnos ocurren en el interior de nuestro cuerpo, y es cil que las tomemos
como causa de nuestro comportamiento. Si se nos pregunta por qué hemos hablado
hostilmente a un amigo, podemos responder ‘Porque sentí ira’. Es verdad que sentimos
ira antes o mientras hablamos, y así tomamos nuestra ira como causa de nuestra
conversación hostil. Cuando se nos pregunta por qué no tomamos la cena, podemos
decir «Porque no tengo hambre». Con frecuencia sentimos hambre cuando comemos
y, por tanto, concluimos que comemos porque sentimos hambre.
Cuando se nos pregunta por qué vamos a nadar, podemos responder: Porque me siento
con deseos de nadar. Parece que dijésemos: Antes, cuando me sentí de esta manera, me
comporté de tal y tal modo. Los sentimientos se producen justamente en el momento
preciso para servir como causas del comportamiento, y durante siglos se les ha
mencionado como tales. Nosotros suponemos que las otras personas sienten como
sentimos nosotros cuando se comportan como nosotros nos comportamos.
Pero ¿dónde están esos sentimientos y estados de la mente? ¿De qué están hechos? La
respuesta tradicional es la de que están localizados en un mundo de dimensiones que
no son físicas llamado mente, y que son mentales. Pero entonces surge otra pregunta:
¿cómo puede un hecho mental causar o ser causado por un hecho físico? Si queremos
predecir lo que hará una persona, ¿cómo podemos descubrir las causas mentales de su
comportamiento, y cómo podemos producir los sentimientos y estados de la mente que
la inducirán a comportarse de una manera determinada?
Es posible creer que el comportamiento expresa sentimientos, anticipar lo que una
persona hará adivinándolo o preguntándole cómo se siente, y cambiar el ambiente con
la esperanza de cambiar los sentimientos, mientras se presta poca o ninguna atención a
los problemas teóricos. Quienes no se sienten muy cómodos con esta estrategia se
refugian a veces en la fisiología. Se dice que, eventualmente, se encontrará una base
física para la mente. Como dijo recientemente un neurólogo, hoy todos aceptan el
hecho de que el cerebro proporciona una base física para el pensamiento humano. Freud
creía que a su complicadísimo aparato mental se le encontraría una naturaleza
fisiológica, y los primeros psicólogos introspectivos llamaban a su disciplina.
48
La biología pone en evidencia la propia dinámica interna de la investigación científica, el
funcionamiento de leyes. De determinado componente material se siguen una serie de efecto,
los cuales permiten formalizarlos mediante ciertos métodos, hasta hallar una ley de
funcionamiento. Es la causa y efecto, perfilada en la física newtoniana: actioni contrariam
semper et aequalem esse reactionem: sive corporum duorum actiones in se mutuo semper
esse aequales et in partes contrarias dirigi (Newton, 1871, p.14), rescatada por la filosofía
de Comte:
“[…] Esta larga serie de preámbulos necesarios conduce al fin a nuestra inteligencia,
gradualmente emancipada, a su estado definitivo de positividad racional, que se debe
caracterizar aquí de un modo más especial que los dos estados preliminares. Como
tales ejercicios preparatorios han comprobado espontáneamente la radical vaciedad
de las explicaciones vagas y arbitrarias propias de la filosofía inicial, ya teológica, ya
metafísica, el espíritu humano renuncia desde ahora a las investigaciones absolutas
que no convenían más que a su infancia, y circunscribe sus esfuerzos al dominio, desde
entonces rápidamente progresivo, de la verdadera observación, única base posible de
los conocimientos accesibles en verdad, adaptados sensatamente a nuestras
necesidades reales. La lógica especulativa había consistido hasta entonces en razonar,
con más o menos sutileza, según principios confusos que, no ofreciendo prueba alguna
suficiente, suscitaban siempre disputas sin salida. Desde ahora reconoce, como regla
fundamental, que toda proposición que no puede reducirse estrictamente al mero
enunciado de un hecho, particular o general, no puede ofrecer ningún sentido real e
inteligible. Los principios mismos que emplea no son ya más que verdaderos hechos,
sólo que más generales y más abstractos que aquellos cuyo vínculo deben formar. Por
otra parte, cualquiera que sea el modo, racional o experimental, de llegar a su
descubrimiento, su eficacia científica resulta exclusivamente de su conformidad,
directa o indirecta, con los fenómenos observados. La pura imaginación pierde
entonces irrevocablemente su antigua supremacía mental y se subordina
necesariamente a la observación, de manera adecuada para constituir un estado
lógico plenamente normal, sin dejar de ejercer, sin embargo, en las especulaciones
positivas un oficio tan principal como inagotable para crear o perfeccionar los medios
de conexión, ya definitiva, ya provisional. En una palabra, la revolución fundamental
que caracteriza a la virilidad de nuestra inteligencia consiste esencialmente en
sustituir en todo, a la inaccesible determinación de las causas propiamente dichas, la
mera investigación de las leyes, es decir, de las relaciones constantes que existen entre
los fenómenos observados. Trátese de los efectos mínimos o de los más sublimes, de
choque y gravedad como de pensamiento y moralidad, no podemos verdaderamente
conocer sino las diversas conexiones naturales aptas para su cumplimiento, sin
penetrar nunca el misterio de su producción” (Comte, 1844, pp. 12-13).
49
Con base en esto, la teoría del conocimiento denominada Fisicalismo afirma que,
cuando hacemos introspección o tenemos sentimientos, observamos estados o
actividades de nuestros cerebros. Pero las principales dificultades son de carácter
práctico: no podernos anticipar lo que hará una persona mirando directamente sus
sentimientos o su sistema nervioso, ni podemos cambiar su comportamiento cambiando
su mente o su cerebro. En cualquier caso, no parece que estemos peor si ignoramos los
problemas filosóficos” (Skinner, 1994, pp. 12-14).
En el proceso de consolidar la filosofía científica actual, distinguimos entre tres etapas
muy diferentes: el realismo lógico del círculo de Viena, completando la tarea de
reconstruir el raciocinio científico, completamente emergente de su historia. El
importante racionalismo de Popper (1985), en el que debe aprender la motivación de
la ciencia y su dominio, aunque en el análisis científico del proceso de la composición
normativa, es especialmente reconocido; y la conciencia de ensayo sociológico de
Kuhn, en el que podemos conducir a la orientación histórica en la teoría científica, que
ha sido iniciada por Popper, es un reconocimiento adicional de la naturaleza social de
las hormigas (conciencia científica). Ahora, como se muestra al comienzo del capítulo,
esto regresa en la percepción del ensayo (estructura de Kuhn) comienza treinta años
antes de la mano de Flack Ludwicka. Kuhn admitió que la ampliamente conocida
monografía de Ludwik Fleck, publicada en 1935, no sólo anticipó muchas de sus
propias ideas sino que también lo llevó a considerarlas dentro de la sociología de la
ciencia. Años más tarde, en el prefacio de la edición inglesa de 1979 del libro de Fleck,
Kuhn se hizo eco de este punto: “El conocimiento del texto de Fleck también me ayudó
a comprender que los problemas que encontré El fenómeno en cuestión tiene
esencialmente un aspecto sociológico” (Kuhn, 1979: p. 9).
Para Fleck (1987), la cognición es, por supuesto, la actividad humana más intensamente
determinada socialmente, y el conocimiento es simplemente un producto social. Por
tanto, cualquier teoría del conocimiento que no tenga en cuenta los factores sociales
que determinan todo conocimiento es puro juego. Según Fleck, incluso la experiencia
científica se origina en condiciones sociales e históricas particulares, lo que supone un
rechazo explícito de la doctrina neopositivista de una base final sobre la cual el
conocimiento puede construirse racionalmente y, por tanto, refutar la teoría de los
fundamentos empíricos de reimaginar una comunidad científica en el momento
adecuado.
El pensamiento al que pertenece Fleck es un estilo que determina la verdad científica,
y la verdad no es más que resolver un determinado problema de acuerdo con un estilo
de pensamiento general. En este sentido, para Fleck la Verdad es aquello que, en un
determinado momento del desarrollo de un estilo particular de pensamiento, estamos
dispuestos a reconocer como una verdad científica genuina (Rivadulla, 1987).
50
¿La ciencia moderna apoya el concepto de realidad en alguna de sus versiones o quizás
una interpretación instrumentalista del conocimiento científico? Por supuesto, no hay
mejor manera de explicar la certeza con la que la ciencia inspiró a los físicos del siglo
19 que recordar la inteligencia a la que habló Newton o Laplace en sus ensayos
filosófico sobre fuerza, trabajo y potencia, permitiéndonos conocer todos los vectores
que posee la naturaleza en cualquier momento. La animación y la posición de cada uno
de sus cuerpos tendrían tanto el pasado como el futuro presentes ante sus ojos. De
hecho, la física newtoniana (dinámica) predijo con mucha precisión fenómenos
naturales, tectónicos, astronómicos, entre otros y también tuvo mucho éxito en predecir
la física nuclear y la mecánica cuántica.
En retrospectiva, la filosofía de la ciencia surgió en el contexto de un debate sobre la
naturaleza de la metodología científica: ante la cuestión central del positivismo, del
empirismo lógico o del neopositivismo: ¿cuál es la base de certeza a la que se reduce
el conocimiento?. Popper (1979) propuso la siguiente característica posicional de su
visión, que más tarde se conoció como racionalismo crítico: ¿Cómo podemos criticar
de manera óptima nuestras teorías?. Esta diferencia fundamental también define dos
enfoques diametralmente opuestos a los criterios que distinguen a la ciencia de la
pseudociencia, a la demostrabilidad en el sentido de la lógica de Popper en oposición
a los criterios del subjetivismo, al neopositivismo, a la comprobabilidad de los
principios y a la capacidad de la lógica inductiva o teoría para aprender de la
experiencia.
Popper insiste que las leyes de la naturaleza no pueden comprobarse; su verdad no
puede ser probada por la experiencia, pero sí pueden ser falsificadas o refutadas. Sólo
la experiencia puede decidir, pero deductivamente, sobre la falsedad de los enunciados.
Como resultado, las afirmaciones científicas supuestamente universales están sujetas a
rechazo y, en última instancia, pueden fracasar en la práctica. Las proposiciones
empíricas universales pueden ser falsificadas empíricamente de manera única; es decir,
pueden fracasar en la experiencia (Popper, 1980). El problema de delimitar teorías se
convierte así para Popper (1980) en el enfoque fundamental de la epistemología, que,
a partir de un enunciado único, intenta deducir deductivamente la falsedad de un
enunciado universal.
En el caso de las afirmaciones científicas, a lo mejor fue Kant, argumentó Popper
(1972), quien fue el primero en reconocer que la objetividad de las proposiciones está
estrechamente relacionada con la construcción de teorías, es decir, el uso de hipótesis
y cláusulas universales. Esta opinión provocó críticas y Popper respondió de inmediato.
Algunos creen que los criterios de demarcación pueden ser refutados empíricamente.
Popper sostiene que el criterio de demarcación no puede ser refutado empíricamente
porque no es una hipótesis científica sino un argumento metacientífico. Esto tampoco
51
es un dogma sino una proposición que ha sido probada mediante discusión. Además,
aunque el criterio de demarcación no era empírico ni resultado de la observación, pasó
a formar parte de la historia de la ciencia.
Surgió así la lógica moderna, asumiendo, explícita o implícitamente, que la lógica clásica o
aristotélica estaba constituida por la teoría del silogismo y el tratamiento de las imágenes de
Boecio, que además de las matemáticas o el simbolismo moderno aparecieron a mediados de
siglo 20 con el álgebra booleana posterior de Frege y su enfoque profesional de la lógica en
su famosa obra Begrisffsschrift. Sin embargo, este esquema, que marcaba el límite entre la
lógica clásica y la lógica matemática, fue modificándose paulatinamente.
De hecho, se ha demostrado claramente que los lógicos megarianos de la antigua Grecia,
incluidos Crisipo, Filón y Cronos, tenían ideas interesantes sobre la lógica proposicional, un
campo originalmente considerado legado exclusivo de la lógica modal. Asimismo, se ha
descubierto que muchos desarrollos modernos en lógica matemática, aunque desde un punto
de vista deductivo mucho más fuerte que el silogismo de Aristóteles, todavía tienen una serie
de características comunes que los diferencian: entran en el mismo concepto de lo que está
permitido y lo que está permitido. excluido por la lógica (Piscoya, 1997).
Como sabemos, Aristóteles inventó la lógica como materia sistemática y estudió en detalle
el silogismo, una estructura deductiva que históricamente es anterior a la lógica
proposicional. El silogismo se formula sin referencia a los cánones aristotélicos clásicos,
cuyo estudio puede resultar muy oneroso para un estudiante principiante. Por este motivo,
los autores prefieren un tratamiento más moderno basado en el álgebra de Boole, que tiene
la ventaja de ser más sencillo. y no cometer algunos de los errores cruciales del brillante
Estagirita.
Para Piscoya (1997), se cree que existe una forma única de pensamiento lógico que
corresponde a la estructura profunda de la mente o del cerebro, según sea el caso. Se
descubrirán estructuras, las células, o la lógica, existirán en alguna parte, y la tarea de
profesores y estudiantes, ya sea a través del aula o a través de los libros, será enseñarnos a
explorar el desarrollo no sólo de la lógica, sino también de lo que ahora se llama ciencia
cognitiva; y no lleva a la conclusión de que lo anterior sea falso.
Así, la base del silogismo final es la intención inductiva de la premisa principal. Desde este
punto de vista, se rechaza la posibilidad de reducir la teoría silogística a formalismo
algebraico, lo que, sin embargo, se logró gracias al trabajo de Boole. Para Mill (1908),
entonces, la inducción es un acto mental por el cual inferimos que lo que sabemos que es
verdadero en una o más clases particulares lo será en todos los casos, como el del primero,
en ciertas relaciones específicas. En otras palabras, la inducción es el proceso por el cual
llegamos a la conclusión de que lo que es cierto para los individuos de una clase es cierto
para la clase en su conjunto, o que lo que a veces es cierto siempre lo será en casos similares.
52
Capítulo IV
Análisis filosófico de las ciencias
Las ciencias han estado al amparo conceptual y crítico de la filosofía en tanto expresión
racional que se despliega mediante conceptos, siendo su objeto formal quo la luz natural de
la razón. Por todo lo cual el saber tiende a dividirse entre ciencias naturales y ciencias del
espíritu.
Esto es así por la división de la filosofía en saberes sensibles e intelectuales. Kant nos perfila
los grados del conocer, expuesto como lo hicimos en el Prólogo:
“En cuanto al valor objetivo de nuestros conocimientos en general, se pueden
establecer grados en la progresión siguiente:
1. ° El primer grado del conocimiento consiste en representar (vorstellen) alguna cosa.
2. ° El segundo consiste en representársela con conciencia o en percibirla, percipere.
3. ° El tercero, en conocer una cosa por comparación con otra, tanto en la relación de
identidad como en la diversidad, noscere.
4. ° El cuarto en conocer con conciencia, cognoscere. Los animales conocen los
objetos, más no con conciencia.
5. ° El quinto en entender, intelligere, es decir, en conocer por el entendimiento en
virtud de nociones, o sea en concebir. Este hecho es muy diferente del de comprender.
Se pueden concebir muchas cosas, aunque no se pueden comprender: así es que se
puede concebir, por ejemplo, el movimiento continuo, cuya imposibilidad se demuestra
en mecánica.
6. ° El sexto en distinguir (erkennen) o penetrar (einsehen) una cosa por medio de la
razón, perspicere. Nosotros no alcanzamos en este sentido más que un pequeño número
de objetos, y nuestros conocimientos disminuyen en tanto que queremos
perfeccionarlos demasiado.
7. ° El sétimo, por último, en comprender (begreifen), comprehendere una cosa, es
decir, en conocer por medio de la razón, o a priori, lo que basta a nuestros fines.” (Kant,
2003, pp. 43-44).
El conocimiento humano parte de la sensibilidad, pasa por el intelecto y genera un contenido
práctico definido. En esta clasificación filosófica, encontramos a las diferentes disposiciones
científicas: de los sentidos al plano lógico e intelectual.
53
Eso se encuentra también en Newton, para el que existía un tipo de ente de razón y un tipo
de ente sensible.
Hactenus voces minus notas, quo sensu in sequentibus accipiendae sint, explicare
visum est. Tempus, spatium, locus & motus, sunt omnibus notissima. Notandum tamen,
quod vulgus quantitates hasce non aliter quam ex relatione ad sensibilia concipiat. Et
inde oriuntur praejudicia quaedam, quibus tollendis convenit easdem in absolutas &
relativas, veras & apparentes, mathematicas & vulgares distingui.
I. Tempus absolutum, verum, & mathematicum, in se & natura sua sine relatione ad
externum quodvis, aequabiliter fluit, alioque nomine dicitur duratio: Relativum,
apparens, & vulgare est sensibilis & externa quaevis durationis per motum mensura
(seu accurata seu inaequabilis) qua vulgus vice veri temporis utitur; ut hora, dies,
mensis, annus.
II. Spatium absolutum, natura sua sine relatione ad externum quodvis, semper manet
similare & immobile: Relativum est spatii hujus mensura seu dimensio quaelibet
mobilis, quae a sensibus nostris per situm suum ad corpora definitur, & a vulgo pro
spatio immobili usurpatur: uti dimensio spatii subterranei, aërii vel ccelestis definita
per situm suum ad terram. Idem sunt spatium absokitum & relativum, specie &
magnitudine; sed non permanent idem semper numero. Nam si terra, verbi gratia,
moveatur, spatium aeris nostri, quod relative & respectu terrae semper manet idem,
nunc erit una pars spatii absoluti in quam aër transit, nunc alia pars ejus; & sic absohite
mutabitur perpetuo.
III. Locus est pars spatii quam corpus occupat, estque pro ratione spatii vel absolutus
vel relativus. Pars, inquam, spatii; non situs corporis, vel superficies ambiens. Nam
solidorum aequalium aequalessemper sunt loci; Superficies autem ob dissimilitudinem
figurarum ut plurimum inaequales sunt; Situs vero proprie loquendo quantitatem non
habent, neque tam sunt loca quam affectiones locorum. Motus totius idem est cum
summa motuum partium; hoc est, translatio totius de suo loco eadem est cum summa
translationum partium de locis suis; ideoque locus totius idem est cum summa locorum
partium, & propterea internus & in corpore toto.
IV. Motus absolutus est translatio corporis de loco absoluto in locum absolutum,
relativus de relativo in relativum. Sic in navi quae velis passis fertur, relativus corporis
locus est navigii regio illa in qua corpus versatur, seu cavitatis totius pars illa quam
corpus implet, quaeque adeo movetur una cum navi: & quies relativa est permansio
corporis in eadem illa navis regione vel parte cavitatis. At quies vera est permansio
corporis in eadem parte spatii illius immoti, in qua navis ipsa una cum cavitate sua &
contentis universis movetur. Unde si terra vere quiescat, corpus, quod relative quiescit
in navi, movebitur vere & absolute ea cum velocitate, qua navis movetur in terra. Sin
54
terra etiam moveatur; orietur verus & absolutus corporis motus, partim ex terrse motu
vero in spatio immoto, partim ex navis motu relativo in terra. Et si corpus etiam
mbveatur relative in navi; orietur verus ejus motus, partim ex vero motu terrae in spatio
immoto, partim ex relativis motibus tum navis in terra tum corporis in navi: & ex his
motibus relativis orietur corporis motus relativus in terra. Ut si terrae pars illa, ubi navis
versatur, moveatur vere in orientem cum velocitate partium looio; & velis ventoque
feratur navis in occidentem cum velocitate partium decem; nauta autem ambulet in navi
orientem versus cum velocitatis parte una: movebitur nauta vere & absolute in spatio
immoto cum velocitatis partibus loooi in orientem, & relative in terra occidentem
versus cum velocitatis partibus novem.
Tempus absolutum a relativo distinguitur in Astronomia per aequationem temporis
vulgi. Inaequales enim sunt dies naturales, qui vulgo tanquam aequales pro mensura
temporis habentur. Hanc inaequalitatem corrigunt Astronomi, ut ex veriore tempore
mensurent motus coelestes. Possibile est, ut nullus sit motus aequabilis, quo tempus
accurate mensuretur. Accelerari & retardari possunt motus omnes, sed, fluxus temporis
absoluti mutari nequit. Eadem est duratio seu perseverantia existentiae rerum, sive
motus sint celeres, sive tardi, sive nulli: proinde haec a mensuris suis sensibilibus
merito distinguitur, & ex iisdem colligitur per aequationem astronomicam. Hujus
autem aequationis in determinandis phaenomenis necessitas, tum per experimentum
horologii oscillatorii, tum etiam per eclipses satellitum Jovis evincitur.
Ut ordo partium temporis est immutabilis, sic etiam ordo partium spatii. Moveantur
hae de locis suis, & movebuntur (ut ita dicam) de seipsis. Nam tempora & spatia sunt
sui ipsorum & rerum omnium quasi loca. In tempore quoad ordinem successionis, in
spatio quoad ordinem situs, locantur universa. De illorum essentia est ut sint loca: &
loca primaria moveri absurdum est. Haec sunt igitur absoluta loca; & solae
translationes de his locis sunt absoluti motus.
Verum quoniam hae spatii partes videri nequeunt, & ab invicem per sensus nostros
distingui; earum vice adhibemus mensuras sensibiles. Ex positionibus enim & distantiis
rerum a corpore aliquo, quod spectamus ut immobile, definimus loca universa: deinde
etiam & omnes motus aestimamus cum respectu ad praedicta loca, quatenus corpora
ab iisdem transferri concipimus. Sic vice locorum & motuum absolutorum relativis
utimur; nec incommode in rebus humanis: in philosophicis autem abstrahendum est a
sensibus. Fieri etenim potest, ut nullum revera quiescat corpus, ad quod loca motusque
referantur.
Distinguuntur autem quies & motus absoluti & relativi ab invicem per proprietates suas
& causas & effectus. Quietis proprietas est, quod corpora vere quiescentia quiescunt
inter se. Ideoque cum possibile sit, ut corpus aliquod in regionibus fixarum, aut longe
55
ultra, quiescat absolute; sciri autem non possit ex situ corporum ad invicem in
regionibus nostris, horumne aliquod ad longinquum illud datam positionem servet
necne; quies vera ex horum situ inter se definiri nequit
[“Nos ha parecido oportuno explicar hasta aquí los términos menos conocidos y el
sentido en que se han de tomar en el futuro. En cuanto al tiempo, espacio, lugar y
movimiento, son de sobra conocidos para todos. Hay que señalar, sin embargo, que el
vulgo no concibe estas magnitudes si no es con respecto a lo sensible. De ello se
originan ciertos prejuicios para cuya destrucción conviene que las distingamos en
absolutas y relativas, verdaderas y aparentes, matemáticas y vulgares.
I. El tiempo absoluto, verdadero y matemático eny por su naturaleza y sin relación
a algo externo, fluye uniformemente, y por otro nombre se llama duración; el relativo,
aparente y vulgar, es una medida sensible y externa de cualquier duración, mediante el
movimiento (sea la medida igual o desigual) y de la que el vulgo usa en lugar del
verdadero tiempo; así, la hora, el día, el mes, el año.
II. El espacio absoluto, por su naturaleza y sin relación a cualquier cosa externa,
siempre permanece igual e inmóvil; el relativo es cualquier cantidad o dimensión
variable de este espacio, que se define por nuestros sentidos según su situación respecto
a los cuerpos, espacio que el vulgo toma por el espacio inmóvil: así, una extensión
espacial subterránea, aérea o celeste definida por su situación relativa a la Tierra. El
espacio absoluto y el relativo son el mismo en especie y en magnitud, pero no
permanecen siempre el mismo numéricamente. Pues si la Tierra, por ejemplo, se
mueve, el espacio de nuestra atmósfera que relativamente y respecto a la Tierra siempre
permanece el mismo, ahora será una parte del espacio absoluto por la que pasa el aire,
después otra parte y así, desde un punto de vista absoluto, siempre cambiará.
III. Lugar es la parte del espacio que un cuerpo ocupa y es, en tanto que espacio,
absoluto o relativo. Digo parte del espacio, no situación del cuerpo ni superficie
externa. Pues los sólidos iguales siempre tienen lugares iguales; las superficies, en
cambio, por la desemejanza de las figuras son muchas veces desiguales. La situación,
hablando propiamente, no tiene cantidad y no es tanto un lugar cuanto una propiedad
del lugar. El movimiento del todo es el mismo que la suma de los movimientos de las
partes, esto es, la traslación del todo de su lugar es la misma que la suma de las
traslaciones de sus lugares de las partes, y por tanto, el lugar del todo es igual a la suma
de los lugares de las partes y, por consiguiente, interno y solidario con el cuerpo.
IV. Movimiento absoluto es el paso de un cuerpo de un lugar absoluto a otro lugar
absoluto, el relativo de un lugar relativo a otro lugar relativo. Así, en una nave
empujada por las velas desplegadas, el lugar relativo de un cuerpo es aquella región de
la nave en que está el cuerpo, o sea, la parte de la cavidad total que llena dicho cuerpo
56
y que, por consiguiente, se mueve a la vez que la nave: mientras que el reposo relativo
es la permanencia del cuerpo en la misma región de la nave o en la misma parte de su
cavidad. Pero el reposo verdadero es la permanencia del cuerpo en la misma parte del
espacio inmóvil en que se mueve la nave misma junto con su cavidad y todos sus
contenidos. De donde si la Tierra verdaderamente está en reposo, el cuerpo que en la
nave permanece relativamente en reposo se moverá verdadera y absolutamente con la
misma velocidad con que la nave se mueve sobre la Tierra. Si la Tierra también se
mueve, constará el verdadero y absoluto movimiento del cuerpo, parte del verdadero
movimiento de la Tierra en el espacio inmóvil, parte de los movimientos relativos de
la nave sobre la Tierra: y si el cuerpo también se mueve relativamente a la nave,
constará su verdadero movimiento, parte del verdadero movimiento de la Tierra en el
espacio inmóvil, parte de los movimientos relativos, tanto de la nave respecto a la
Tierra como del cuerpo respecto a la nave, y de estos movimientos relativos constará
el total movimiento relativo del cuerpo respecto a la Tierra. Así, si la parte de Tierra
ocupada por la nave se mueve verdaderamente hacia Oriente con velocidad de 10 010
partes y la nave es empujada hacia Occidente por el viento y las velas con velocidad de
10 partes y un marino camina por la nave hacia Oriente con velocidad de 1 parte, el
marino se moverá absolutamente en el espacio inmóvil hacia Oriente con la velocidad
de 10 001 partes, y relativamente a la Tierra se moverá hacia Occidente con la
velocidad de 9 partes. El tiempo absoluto se distingue del relativo en Astronomía por
la ecuación del tiempo vulgar. Pues desiguales son los días naturales, que son tenidos
por iguales por el vulgo al medir el tiempo. Los astrónomos corrigen esta desigualdad
al medir con tiempos más exactos los movimientos celestes. Es posible que no haya
ningún movimiento igual con el que medir exactamente el tiempo. Todos los
movimientos pueden acelerarse y retardarse, pero el flujo del tiempo absoluto no puede
alterarse. La duración o permanencia de las cosas en la existencia es la misma, tanto si
los movimientos son rápidos, como si son lentos, como si no los hubiese; por tanto, la
duración se distingue claramente de sus medidas sensibles, a la vez que de ellas se
deduce por la ecuación astronómica. La necesidad de esta ecuación para la
determinación de los fenómenos se patentiza tanto por el experimento del reloj
oscilatorio como por los eclipses de los satélites de Júpiter.
Del mismo modo que el orden de las partes del tiempo es inmutable, así lo es el orden
de las partes del espacio. Si éstas se movieran de sus lugares, se moverían (por así
decirlo) de sí mismas. Pues el tiempo y el espacio son los cuasilugares de sí mismos y
de todas las cosas. Todas las cosas se sitúan en el tiempo en cuanto al orden de la
sucesión y en el espacio en cuanto al orden de lugar. Es de su esencia el ser lugares y
es absurdo pensar que los lugares primeros se muevan. Por tanto, estos son lugares
absolutos y únicamente las traslaciones desde estos lugares son movimientos absolutos.
57
Mas como estas partes del espacio no pueden verse y distinguirse unas de otras por
medio de nuestros sentidos, en su lugar utilizamos medidas sensibles. Por las
posiciones y distancias de las cosas a un cierto cuerpo que consideramos inmóvil,
definimos todos los lugares; posteriormente interpretamos todos los movimientos por
respecto a los antedichos lugares, en tanto que los concebimos como pasos de los
cuerpos por estos lugares. Así, usamos de los lugares y movimientos relativos en lugar
de los absolutos y con toda tranquilidad en las cosas humanas: para la Filosofía, en
cambio, es preciso abstraer de los sentidos. Pues es posible que en la realidad no exista
ningún cuerpo que esté en total reposo, al que referir lugar y movimiento.
Se distinguen el reposo y movimiento absolutos y relativos entre por sus propiedades,
causas y efectos. Es propiedad del reposo que los cuerpos verdaderamente quietos están
en reposo entre sí. Por tanto, al ser posible que un cuerpo cualquiera en la región de las
estrellas fijas, o más lejos, permanezca en reposo absoluto y no se pueda saber por las
situaciones respectivas de los cuerpos entre sí en nuestras cercanías si alguno de ellos
conserva su posición constante respecto al cuerpo lejano, por ende no se puede definir
el reposo verdadero por las posiciones relativas de estos cuerpos”] (Newton, 1871, pp.
6-8).
Partiendo de la dualidad ontológica newtoniana, Kant ensaya un análisis de las condiciones
existentes en el conocimiento, es decir, qué participa en el tener ideas, hacer razonamientos,
tener juicios. Investigó, pues, qué es lo que podemos conocer y si nuestro conocimiento tiene
límites. Establece que el conocimiento se da por formas implícitas a la razón, mediando en
la aprehensión del contenido sensible, configurándolo, hasta hacerlo abstracción conceptual,
como claramente se expuso en el Prólogo de esta obra.
Fenómenos espaciales y temporales formas a priori de la
sensibilidad
Fenómenos lógicos analítica trascendental, categorías
Por su parte, la historia y el historicismo también nos ofrecen perspectivas de la
diferenciación filosófica entre los distintos tipos de saber y los paradigmas asumidos, como
en el caso de Thomas Kuhn.
“Si se a la historia como algo más que un depósito de anécdotas o cronología, puede
producir una transformación decisiva de la imagen que tenemos actualmente de la
ciencia. Esa imagen fue trazada previamente, incluso por los mismos científicos, sobre
todo a partir del estudio de los logros científicos llevados a cabo, que se encuentran en
las lecturas clásicas y, más recientemente, en los libros de texto con los que cada una
de las nuevas generaciones de científicos aprende a practicar su profesión. Sin
58
embargo, es inevitable que la finalidad de esos libros sea persuasiva y pedagógica; un
concepto de la ciencia que se obtenga de ellos no tendrá más probabilidades de ajustarse
al ideal que los produjo, que la imagen que pueda obtenerse de una cultura nacional
mediante un folleto turístico o un texto para el aprendizaje del idioma. En este ensayo
tratamos de mostrar que hemos sido mal conducidos por ellos en aspectos
fundamentales. Su finalidad es trazar un bosquejo del concepto absolutamente diferente
de la ciencia que puede surgir de los registros históricos de la actividad de investigación
misma. Sin embargo, incluso a partir de la historia, ese nuevo concepto no surgiría si
continuáramos buscando y estudiando los datos históricos con el único fin de
responder a las preguntas planteadas por el estereotipo no histórico que procede de los
libros de texto científicos. Por ejemplo, esos libros de texto dan con frecuencia la
sensación de implicar que el contenido de la ciencia está ejemplificado solamente
mediante las observaciones, leyes y teorías que se describen en sus páginas. De manera
casi igual de regular, los mismos libros se interpretan como si dijeran que los métodos
científicos son simplemente los ilustrados por las técnicas de manipulación utilizadas
en la reunión de datos para el texto, junto con las operaciones lógicas empleadas para
relacionar esos datos con las generalizaciones teóricas del libro de texto en cuestión.
El resultado ha sido un concepto de la ciencia con profundas implicaciones sobre su
naturaleza y su desarrollo. Si la ciencia es la constelación de hechos, teorías y métodos
reunidos en los libros de texto actuales, entonces los científicos son hombres que,
obteniendo o no buenos resultados, se han esforzado en contribuir con alguno que otro
elemento a esa constelación particular. El desarrollo científico se convierte en el
proceso gradual mediante el que esos conceptos han sido añadidos, solos y en
combinación, al caudal creciente de la técnica y de los conocimientos científicos, y la
historia de la ciencia se convierte en una disciplina que relata y registra esos
incrementos sucesivos y los obstáculos que han inhibido su acumulación. Al interesarse
por el desarrollo científico, el historiador parece entonces tener dos tareas principales.
Por una parte, debe determinar por qué hombre y en qué momento fue descubierto o
inventado cada hecho, ley o teoría científica contemporánea. Por otra, debe describir y
explicar el conjunto de errores, mitos y supersticiones que impidieron una acumulación
más rápida de los componentes del caudal científico moderno. Muchas investigaciones
han sido encaminadas hacia estos fines y todavía hay algunas que lo son. Sin embargo,
durante los últimos años, unos cuantos historiadores de la ciencia han descubierto que
les es cada vez más difícil desempeñar las funciones que el concepto del desarrollo por
acumulación les asigna. Como narradores de un proceso en incremento, descubren que
las investigaciones adicionales hacen que resulte más difícil, no más sencillo, el
responder a preguntas tales como: ¿Cuándo se descubrió el oxígeno? ¿Quién concibió
primeramente la conservación de la energía? Cada vez más, unos cuantos de ellos
comienzan a sospechar que constituye un error el plantear ese tipo de preguntas. Quizá
la ciencia no se desarrolla por medio de la acumulación de descubrimientos e inventos
59
individuales. Simultáneamente, esos mismos historiadores se enfrentan a dificultades
cada vez mayores para distinguir el componente ‘científico’ de las observaciones
pasadas, y las creencias de lo que sus predecesores se apresuraron a tachar de ‘error’ o
superstición’. Cuanto más cuidadosamente estudian, por ejemplo, la dinámica
aristotélica, la química flogística o la termodinámica calórica, tanto más seguros se
sienten que esas antiguas visiones corrientes de la naturaleza, en conjunto, no son ni
menos científicos, ni s el producto de la idiosincrasia humana, que las actuales. Si
esas creencias anticuadas deben denominarse mitos, entonces éstos se pueden producir
por medio de los mismos tipos de métodos y ser respaldados por los mismos tipos de
razones que conducen, en la actualidad, al conocimiento científico. Por otra parte, si
debemos considerarlos como ciencia, entonces ésta habrá incluido conjuntos de
creencias absolutamente incompatibles con las que tenemos en la actualidad. Entre esas
posibilidades, el historiador debe escoger la última de ellas. En principio, las teorías
anticuadas no dejan de ser científicas por el hecho de que hayan sido descartadas. Sin
embargo, dicha opción hace difícil poder considerar el desarrollo científico como un
proceso de acumulación. La investigación histórica misma que muestra las dificultades
para aislar inventos y descubrimientos individuales proporciona bases para abrigar
dudas profundas sobre el proceso de acumulación, por medio del que se creía que
habían surgido esas contribuciones individuales a la ciencia.
El resultado de todas estas dudas y dificultades es una revolución historiográfica en el
estudio de la ciencia, aunque una revolución que se encuentra todavía en sus primeras
etapas. Gradualmente, y a menudo sin darse cuenta cabal de que lo están haciendo así,
algunos historiadores de las ciencias han comenzado a plantear nuevos tipos de
preguntas y a trazar líneas diferentes de desarrollo para las ciencias que,
frecuentemente, nada tienen de acumulativas. En lugar de buscar las contribuciones
permanentes de una ciencia más antigua a nuestro caudal de conocimientos, tratan de
poner de manifiesto la integridad histórica de esa ciencia en su propia época (Kuhn,
2004, pp. 20-23).
Kuhn nos hace notar que de la totalidad del pensamiento investigativo de una época pueden
sacarse conclusiones que efectúan cambios en el mismo desarrollo de una ciencia particular
y de la ciencia en general. Esta suerte de metacognición es la que se evalúa en el pensamiento
filosófico, ya que elabora sus conceptos partiendo de los conceptos científicos, por lo que la
filosofía es un saber de segundo grado, encargándose de la reflexión de los conceptos tales
como sistema, totalidad, unidad, contraste, relación, axiomas, orden y desorden, coherencia
y cohesión, entre otros.
Por ello mismo, se podría argumentar que el ejercicio de una ciencia implica de suyo un
conocimiento pormenorizado de la historia de la ciencia y del saber en general, aunque ello
comporte críticas de fondo, tal y como se ve en Benjamín:
60
“La empatía con lo que ha sido está finalmente al servicio de su reactualización. La
tendencia a esta última no va en vano junto a una idea positivista de la historia (como
se muestra en Eduard Meyer). La proyección de lo pasado en el presente es análoga,
en el campo de la historia, a la sustitución de configuraciones idénticas dentro de las
transformaciones del mundo material. Dicha sustitución fue planteada por Meyerson
como el fundamento de las ciencias naturales. La proyección, por su parte, es la
quintaesencia del carácter propiamente ‘científico’ de la historia como lo concibe el
positivismo. Un carácter que se adquiere a cambio de la extirpación de todo lo que
recuerde a lo que en ella hay de rememoración, según su determinación original. La
vitalidad falsa de las reactualizaciones, la eliminación en ellas de todo eco del ‘lamento’
que viene de la historia, indican una sumisión definitiva de la empatía al concepto
moderno de ciencia.
Con otras palabras: el propósito de encontrar ‘leyes’ para el transcurso de los
acontecimientos en la historia no es la única manera, y menos aún la más sutil, de
equiparar la historiografía a las ciencias naturales. La idea de que la tarea del
historiador es la de ‘reactualizar’ lo pasado es culpable de la misma asimilación, pero
no se deja detectar tan fácilmente” (Benjamin, 2008, pp. 67-68).
La filosofía científica moderna está estrechamente ligada a la nueva filosofía de la
naturaleza, cuyos orígenes se encuentran en las lecciones que Wilhelm Ostwald
comenzó a publicar en 1902. Su objetivo: salvar a la filosofía natural de la mala fama
que había sufrido en Alemania en el Siglo XIX bajo la influencia de Schelling. En
directa contradicción con la filosofía especulativa de la naturaleza de Schelling,
Ostwald declaró: hubo un rápido desarrollo de las ciencias naturales. Ante esta
evidencia tangible de superioridad, los filósofos naturales no pudieron resistir algo
comparable (Ostwald, 1914).
Además, Ostwald estaba extremadamente preocupado por el hecho de que, aunque el
contenido de las distintas disciplinas privadas era esencialmente el mismo y con total
independencia de los autores que escribían sobre ellas, no parecía haber nada en común
en filosofía. A esto hay que sumar que la disciplina más antigua, la filosofía, tampoco
ha logrado su objetivo de alcanzar verdades universales. Así, en respuesta a la
afirmación de que el trabajo conjunto de la filosofía y las ciencias especiales no se
produce porque una no recoge los resultados de la otra, Ostwald plantea el argumento
de que no hay mejor preparación para el trabajo filosófico.
Esto representa la inmersión en una determinada ciencia hasta el punto de lograr la
creación de nuevos conocimientos, es decir, la capacidad de descubrir (Ostwald, 1914).
El camino recorrido por Ostwald fue continuado por Hugo Dingler, quien admitió que
el nombre de filosofía natural había recobrado prestigio gracias a las enseñanzas de
61
Ostwald, creyendo que la disciplina implicaba consideraciones de las ideas filosóficas
y que están asociadas principalmente con los métodos y formas de pensar de las
ciencias exactas (Dingler, 1913). Por un lado está la lógica y por otro la metodología
de las ciencias naturales y las matemáticas exactas, es decir: Husserl, Wundt, Duhem,
Henriques, Poincaré, Gilbert, Russell y otros marcaron la dirección en la que se dirigía
la filosofía natural, enfatizando la tendencia contraria a la metafísica que caracterizó la
obra de Ernst Mach. El resultado es un campo que honra la investigación científica
filosófica y disciplinaria y estimula la mejora de la relación entre filosofía y ciencia.
Por su parte, Popper resolvió casi simultáneamente no sólo el problema de la
demarcación, gracias a la aceptación de la falsabilidad en el sentido lógico como
criterio de cientificidad, sino también el problema de la inducción. La solución de este
problema conduce a una solución radical, cambio metodológico y adopción del
concepto de ciencia. La cuestión de la validez de las generalizaciones, hipótesis y
teorías científicas constituía para él el problema de la inducción (Popper, 1935). Esto
es problemático debido a la aparente contradicción entre el principio básico del
empirismo, que es sólo la experiencia.
Se puede determinar la verdad o falsedad de enunciados, así como el principio de
invalidez de la inducción de Hume. Pero dado que este principio es consistente con el
hecho lógicamente válido de que la experiencia puede determinar que proposiciones
son falsas, negar el valor lógico de la inducción como inferencia que preserva la verdad
y expansión de contenido es inconsistente con la única cosa inconsistente: “la idea de
que la experiencia puede determinar la verdad de proposiciones generales”. Esto es
exactamente lo que afirmó Popper, pues no existe la inducción, sacar conclusiones a
partir de afirmaciones únicas y verificadas experimentalmente sobre una teoría es
lógicamente inválido y las teorías nunca deben verificarse experimentalmente (Popper,
1935).
El problema de la inducción recientemente resuelto se combinó con el problema de la
base del conocimiento, lo que llevó a Popper a considerar la falsabilidad en el sentido
lógico de los enunciados científicos como un criterio distintivo entre ciencia y no
ciencia.
62
Conclusión
Pese a todo lo dicho y expuesto, la antigüedad griega como el pensamiento medieval
consideró a los saberes como hermanados entre sí, no existiendo la distinción entre ciencia y
filosofía, es decir, ciencias naturales y del espíritu. Con las musas griegas esto es patente, la
interrelación existente entre un saber y otro, su carácter fraterno y deudor:
Καλλιόπη musa griega que representa la poesía heroica
Κλειώ musa griega que representa la historia
Ἐρατώ musa griega que representa la poesía lírica
Εὐτέρπη musa griega que representa la música
Μελπομένη musa griega que representa la poesía trágica
Πολυμνία musa griega que representa la poesía sacra
Θάλεια musa griega que representa la poesía cómica y la bucólica
Τερψιχόρη musa griega que representa la danza y la poesía coral
Οὐρανία musa griega que representa la astronomía y las ciencias exactas
Para Herrada von Landsberg, la filosofía y las siete artes liberales juegan un papel
indisoluble, puesto que las últimas derivan de la primera:
“Al ver esta bella composición, se diría tener ante los ojos el programa elaborado por el
vidriero para una de estas rosas horadadas en las fachadas de nuestras viejas catedrales en
el siglo XII, como la rueda de la fortuna de Basilea, cuyo marco tiene un parecido
sorprendente con el marco de nuestro tema.
En el centro, la Filosofía se sienta como una reina, con la frente rodeada por una corona de
oro de la que emergen tres cabezas humanas, designadas con las palabras ética, lógica,
phisica. Sócrates y Platón se sientan a sus pies y escriben cuidadosamente sus lecciones. En
una larga filacteria, la mitad de la cual se sostiene sobre su pecho, leemos que “toda sabiduría
viene de Dios. Sólo los sabios pueden hacer lo que quieren". Siete manantiales de agua viva
brotan del seno de la Filosofía: son las artes liberales "de las cuales el Espíritu Santo es el
inventor", y cuyas imágenes irradian alrededor de la noble dama bajo tantos arcos-arcadas,
separadas entre por columnas romanas, con un capitel decorado con follaje o máscaras
muecas.
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Estas artes quedan a su mando en la suprema dirección que ejerce sobre el trívium y el
quadrivium de los estudios profanos, como expresa la leyenda inscrita en la circunferencia
que enmarca la Filosofía. El arte rige todo lo que es, yo filosofía sujeto a las artes dividas en
siete partes. En la parte superior vemos a la Gramática, con la cabeza cubierta por un velo
blanco, bajo el cual aparece el tocado bizantino descrito anteriormente, vestida como cada
una de sus compañeras con una túnica de mangas justas y una venda en los ojos que le ciñe
con fuerza la cintura y cuyas mangas, abiertas a la mitad del brazo, desciende hasta debajo
de las rodillas. Está armada con la vara, visor, símbolo de la disciplina rigurosa que es
necesario mantener en la clase de la gente pequeña de los estudiantes; la otra mano sostiene
un libro, cuya cubierta está decorada con piedras preciosas. En el colgador bajo el que se
encuentra se encuentra la siguiente inscripción: Per me quivis discit, vox, littera, syllaba quid
sit (a través de mí todos aprenden qué es una palabra, una letra, una sílaba).
La Retórica, provista de un punzón y de dos tablillas recubiertas de cera negra, para indicar
el cuidado que recomienda al orador en la preparación del discurso, cada parte del cual debe
someterse a un severo examen y, si es necesario, a numerosas correcciones: causarum vires
por mí, ama rhetor, requiere (la fuerza de las razones para mí, ama rhetor, requiere).
La Dialéctica, en animada discusión como lo indica el gesto de la mano derecha; sostiene en
la izquierda una cabeza de perro que ladra, símbolo de los incesantes gritos que provoca la
discusión y de la vigilancia con que el argumentador sigue el razonamiento del adversario:
argumenta sino concurrere more canino (los argumentos fluyen de manera canina).
Música, tocando un instrumento en forma de arpa, pero que la inscripción llama cítara; al
lado hay una zanfona llamada organistrum y una lira, que hoy tal vez podríamos llamar
rubèbe: música sum late doctrix artis variate (soy profesora de música con una amplia
variedad de arte).
Teoría de números, con la ayuda de una varilla doblada en semicírculo, a la que se le pegan
veintidós bolas negras: ex numeris consto, quorum discrimina monstro (yo consisto en
números, cuyas diferencias muestro).
Geometría, apoyando un compás, circulus, en el suelo y sujetando una larga pértiga de
agrimensor: terræ mensuras per multas directs curas (las medidas de la tierra se cuidan en
muchas direcciones).
Astronomía, ojos levantados al cielo, examinando las estrellas. Sostiene en una mano una
caja cerrada o, según P. Ch. Cahier, un celemín, “porque la Meteorología estaba asociada a
él como director del trabajo agrícola”: ex astris nomen traho per quæ discitur omen (saco un
nombre de las estrellas por el cual se aprende un presagio).
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Todas estas representaciones están inscritas en una gran circunferencia, que lleva la siguiente
inscripción:
“Hec exercicia que mundi philosophia investigavit • investigata notavit • scripto firmavit et
alumnis insinuavit. Septem per studia docet artes philosophia hec elementorum scrutatvr
et abdita rerum.
Estos son los ejercicios que la filosofía del mundo ha investigado se ha anotado lo
investigado se ha confirmado por escrito y se ha inculcado a los alumnos. La filosofía
enseña las siete artes a través del estudio este es el escrutinio de las elementos y cosas
ocultas.
Llena de estima por los filósofos de la antigüedad pagana, los sabios del mundo y los clérigos
de antaño, Herrade sólo siente horror por los poetas y los magos, inspirados por el espíritu
inmundo. Así que los relega a esta magnífica rosa pictórica. Están representados en la parte
inferior de la hoja, inmersos en sus ensoñaciones o escribiendo en un libro los falsos
desvaríos que el espíritu del mal, en forma de pájaro negro y antiestético, intenta susurrarles
al oído. Los poetas, al igual que los filósofos, están equipados con el primitivo tintero de
cuerno hundido en el estante del escritorio. Los personajes que escriben sostienen, además
de la caña o la pluma, una navaja de mango negro. A estos siniestros agentes del espíritu del
mal, tal como los considera Herrade, “la abadesa relaciona las diversas formas de idolatría,
que despliega en una serie de escenas muy animadas, en número de cuatro, si nuestra
memoria es exacta)” (Landsberg, 1879-1899, pp. 10-11).
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