31
La materia primera es imposible de penetrarla mentalmente, ya que es indeterminación pura,
desorden. Con la forma esencial es posible prefigurarla, adviene como elemento natural,
siendo ello mismo el concepto o la substancia segunda. La materia segunda junto con la
forma accidental, generan la substancia primera, lo concreto, la cosa individual.
Para Aristóteles, por tanto, el entendimiento o inteligencia consiste en conceptos o
substancias segundas, dados por la substancia primera desde lo inferencial. En este sentido,
el peripatético distingue las diversas facultades del alma:
“En cuanto a las antedichas potencias del alma, en ciertos vivientes se dan todas –como
decíamos– mientras que en otros se dan algunas y en algunos, en fin, una sola. Y
llamábamos potencias a las facultades nutritiva, sensitiva, desiderativa, motora y
discursiva. En las plantas se da solamente la facultad nutritiva, mientras que en el resto
de los vivientes se da no sólo ésta, sino también la sensitiva. Por otra parte, al darse la
sensitiva se da también en ellos la desiderativa. En efecto: el apetito, los impulsos y la
voluntad son tres clases de deseo; ahora bien, todos los animales poseen una al menos
de las sensaciones, el tacto, y en el sujeto en que se da la sensación se dan también el
placer y el dolor –lo placentero y lo doloroso–, luego si se dan estos procesos, se da
también el apetito, ya que éste no es sino el deseo de lo placentero. De otro lado, los
animales poseen la sensación del alimento, ya que la sensación del alimento no es sino
el tacto: todos los animales, en efecto, se alimentan de lo seco y de lo húmedo, de lo
caliente y de lo frío y el tacto es precisamente el sentido que percibe todo esto. Las
otras cualidades las percibe el tacto sólo accidentalmente: y es que en nada contribuyen
a la alimentación ni el sonido ni el color ni el olor. El sabor, sin embargo, constituye
una de las cualidades táctiles. El hambre y la sed son apetitos: el hambre, de lo seco y
caliente; la sed, de lo frío y húmedo; el sabor, en fin, es algo así como el regusto de
estas cualidades” (Aristóteles, s/f, p. 55).
Aristóteles distingue que el alma es vegetativa, sensitiva e intelectiva, de esta forma, los seres
vivientes tienen por lo menos una de estas potencias, inaugurando la disposición objetiva
viviente en el estudio de los seres. En ese sentido, la entelequia se define como la inclinación
del hombre a concretar su potencialidad vital, a ser lo que es, actualizando su virtualidad.
Si el hombre es un animal racional y un animal político, entonces, el hombre se hace,
completa y concreta mediante conceptos en una comunidad política definida y particular. La
educación, pues, apuntaría a ese mismo fin. En concordancia con esto, sobre la facultad
intelectiva nos dice:
“Por lo que se refiere a aquella parte del alma con que el alma conoce y piensa –ya se
trate de algo separable, ya se trate de algo no separable en cuanto a la magnitud, pero
sí en cuanto a la definición– ha de examinarse cuál es su característica diferencial y
cómo se lleva a cabo la actividad de inteligir. Ahora bien, si esto constituye una