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transculturales a los supuestos básicos expresados en nuestra filosofía americana. La
expansión de las fuentes del pensamiento filosófico también es histórica. Pero si
intercultural, como afirma Fornet (2006), es una propuesta teórica y práctica que surge de
las exigencias que hace la conciencia de la diversidad cultural en el mundo moderno y
tiende a fortalecer el diálogo con los demás.
Una cualidad donde ocurren transformaciones compartidas, donde desaparecen las
diferencias, la filosofía intercultural se establece metódicamente como una herramienta
analítica que nos permite pensar en contextos transculturales. Aspectos de las expresiones y
prácticas socioculturales y políticas que a menudo se ven como obstáculos para la "auto-
renovación". En otras palabras, a través de la fusión, interacción y flujo de creencias, ideas,
valores, conceptos, narrativas y prácticas desde donde son, viven y actúan, la filosofía
intercultural posibilita la expresión de aquello que fortalece y expande la identidad y
problema de diferencia Según Fornet (2002: 125), la filosofía es “no sólo el estudio o
aprendizaje de una idea o un sistema de pensamiento, sino también el estudio de la
realidad y el conocimiento de cómo ponerla en práctica”.
Por lo tanto, la filosofía intercultural intenta abordar esto. La cuestión de cómo hacer
frente a este mundo multicultural se vuelve crucial, en el caso americano, y proporciona
pistas sobre una disposición que puede explicar un quehacer filosófico históricamente ha
sido habitado por la herencia colonial y diversas formas de dominación. Fornet (2001:44)
define la filosofía como “una filosofía que crea las condiciones para que las personas
hablen con su propia voz, hablen por sí mismas y expresen sus signos sin presiones ni
interferencias”. Este es el desafío que atañe a Dina Picotti, formulado así: Saber pensar es
una tarea que nos hace mucha falta como latinoamericanos, que tenemos una formación
filosófica sólo superficial y que tenemos poco o nada de pensamiento, para facilitar nuestra
forma y este estilo de vida, es una mezcla de la cultura nativa y otras culturas que han
llegado a esta tierra perdida. Y actuar sobre los hallazgos de nuestra vasta y compleja
experiencia cultural e histórica [...] 500 años después. La tarea de hacer que Europa vea
América no está hecha, pero hay que hacerla. (Picotti, 1990: 41).
Según Fornet (2004a), la estrategia sugiere posicionarnos para aprender a pensar desde
la diversidad cultural de nuestro país; es decir, reconocer las raíces como pensamientos
originales y calificados, porque según la visión filosófica de Picotti, esto permitiría, por un
lado, sacar el pensamiento de los cimientos de la cultura de nuestro país y, por otro lado,
liberar el pensamiento filosófico de la tradición abstracta dominante, su historia.
Abordando esta cuestión desde la perspectiva del filósofo chileno José Santos-Herceg
(2010), esto significaría un proceso de descubrimiento/ocultamiento de “nuestra América”,
instalándose en un lugar lleno de ecos y afirmaciones que aún hoy se escuchan. Santos-
Herzeg explicó que decir “nuestra América” puede significar muchas cosas, entre ellas
lucha, unidad, sueños de liberación, colonización, miedo y sufrimiento. Los ecos