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porque construyó un método prácticamente infalible a la hora de expandir nuestro saber
sobre el mundo y sobre nosotros mismos. La potencia creadora de la imaginación, la
pujanza ordenadora de la racionalidad y la fuerza acumulativa de la experiencia dieron
así lugar a la ciencia moderna, nuestro instrumento más fértil para alcanzar
conocimientos objetivos” (p. 3).
Asimismo, haremos uso de un segundo criterio, el cual podríamos denominar criterio
numérico, abordando la conciencia en sus tres cantidades posibles: conciencia individual,
conciencia particular y conciencia universal, para que de este modo el lector pueda tener la
certeza de que las ideas operan efectos cuantitativos.
En el mismo cariz de lo afirmado, la conciencia, su número y su cualidad, pueden denotarse
como lo noético, en tanto se refiere a todo aquello que tiene que ver con la capacidad de
captación, de aprehensión; la noesis entendida como un receptáculo. Por otra parte, lo
noemático es referido a aquello que se inserta en lo noético, el contenido de captación, lo que
es aprehendido; el noema es, pues, el contenido del pensar, lo concienciado, las ideas.
Entre las ideas de carácter o el tratamiento filosóficos de las ideas encontramos la idea de
unidad, la de la misma conciencia, la de verdad, la de relación, la de belleza, la del Ser y del
No-Ser, la de mismidad y otredad, y así otras muchas.
Por lo que conviene, entonces, tener en cuenta que los estratos noemáticos o parcelas de saber
son la ontología –en la cual se incluye la metafísica–, la epistemología –incluyendo la
gnoseología y la lógica–, la estética, la ética, la política y la axiología. Cada uno de los
mencionados estratos investiga ideas que aunque tengan relación, o incluso sean las mismas,
teniendo el mismo objeto material, su tratamiento es de manera distinta o distinto es su objeto
formal.
“En general, podemos decir que hasta fines del siglo XIX, y en particular para los
propósitos de enseñanza, se consideraron como disciplinas filosóficas la lógica, la
ética, la gnoseología, epistemología o teoría del conocimiento, la ontología, la
metafísica, a veces la criteriología, la psicología, con frecuencia la sociología, y además
un conjunto de disciplinas tales como la filosofía de la religión, del Estado, del
Derecho, de la historia de la Naturaleza, del arte, del lenguaje, de la sociedad, etc., etc.,
así como la historia de la filosofía” (Ferrater Mora, 1964, pp. 665-666).
Continuando con lo anterior, el objeto formal se diferencia en el quod y en el quo. El quo,
“por el cual”, es aquello a través de lo que se realiza la investigación, en el caso filosófico,
es “la luz natural de la razón” o naturali rationis, la razón es el instrumento principal. El
quod, “el cual”, es la forma que asume la razón para diferenciarse de otro uso racional dado
por un saber diferente o por una parcela de saber diferente. El objeto formal quod de la
ontología no es el mismo que el de la estética, aunque compartan el mismo objeto formal quo