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inclusiva se considera un servicio para todos los estudiantes, teniendo en cuenta sus
posibles circunstancias sociales, interculturales y/o personales.
A pesar de ello, países como Bolivia, Colombia, Costa Rica, El Salvador,
Guatemala, Paraguay y Venezuela la describen en su normativa general como educación
especial, que brinda servicios de consejería o apoyo a los estudiantes con necesidades
educativas especiales temporal o permanentemente. Países como Ecuador, Guatemala,
Honduras, Nicaragua, República Dominicana y Uruguay, que enfatizan las políticas
nacionales en relación a la edad de los estudiantes, afirman: “Los niveles educativos deben
adecuarse al ciclo de vida de las personas, su desarrollo cognitivo, afectivo y
psicomotricidad, entorno cultural y lingüístico y sus necesidades” (Ecuador); “no está
sujeto a una clasificación rígida, edad o sistema de información inflexible” (Guatemala); "el
nivel de desarrollo individual no está implícito en el desarrollo cronológico" (Honduras);
“Se aprende a aprender de nuevo” (Nicaragua).
Esto es particularmente importante, porque se ajusta a la comprensión de la
variabilidad humana antes mencionada y permite considerar al individuo en una etapa de
desarrollo individual y personal sin definir la suya necesidades y habilidades alrededor de
la edad cronológica Argentina muestra garantías para la plena participación de los
estudiantes en su política educativa, pero se limita a mencionar necesidades "según la
edad". Teniendo en cuenta las tendencias mundiales, o limitarlo cuando se habla de
educación inclusiva se alejan gradualmente de las necesidades del individuo basadas en la
edad y se acercan a definir las necesidades fluidas, cambiantes y únicas de cada individuo
(por ejemplo, Ursache y Noble, 2016). Cada individuo tiene diferente desarrollo físico y
cognitivo, potencialidades, experiencias personales, cultura, estatus socioeconómico, entre
otros, y por lo tanto tiene necesidades especiales que no son “específicas de la edad”.
Además, el aprendizaje es visto como un tema permanente y de por vida, que no se
ve en las políticas de otros países. Este elemento es importante porque es consistente con
los puntos de vista actuales sobre el desarrollo humano, que las personas aprenden a lo
largo de la vida y que el cerebro continúa formándose y cambiando hasta que la persona
muere (p. ej., Knowland y Thomas, 2014).
Lo descrito en el Cuadro 1.1 muestra que los países latinoamericanos tienen un
horizonte construido políticamente para actuar al servicio de todos en la educación. La
política educativa está dirigida a los niveles de educación primaria, y secundaria o bajo
diferentes denominaciones. Países como Argentina, Bolivia, Brasil, Costa Rica, El
Salvador, Honduras, Panamá, Paraguay, República Dominicana, Uruguay y Venezuela
incluyen el nivel de educación superior, fortaleciendo el enfoque relacionado con el hecho
de que la educación inclusiva pretende lograr la presencia, participación de todos los
estudiantes y éxito de aprendizaje en los diferentes niveles educativos” (Delgado, 2018).